Juan de Valdés y los seguidores españoles en Nápoles

napoles2

Segismundo Muñoz.

Según Domingo de Santa Teresa[1] de los españoles que estuvieron en contacto con Valdés o que se adhirieron pronto a su doctrina, se nombran Segismundo Muñoz, gobernador del Hospital de Incurables, Pedro de Castilla, gobernador de la iglesia de San Francisco, diputado del Virrey y el gentilhombre Juan de Villafranca. Según Domingo de Santa Teresa, después de la muerte de Juan de Valdés, “el triunvirato de la doctrina valdesiana en Nápoles, lo formaron la Gonzaga, Germano Minodois y Segismundo Muñoz. Pero la actuación de los tres fue escasa, si se exceptúa la correspondencia de la Gonzaga, de tipo social generalmente, más que espiritual y religioso”.

Pedro de Castilla.

Como ya hemos apuntado, Pedro de Castilla, era gobernador de la iglesia de San Francisco en Nápoles y diputado del virrey. Aparecerá en el proceso inquisitorial de Tizzano, entre los que tenían ideas antitrinitarias, por lo que se acusaría a Juan de Valdés de antitrinitarismo por el solo hecho de haber permanecido esta doctrina entre sus discípulos. Según Berti, Pedro de Castilla estaría más cercano a los luteranos que a los anabaptistas. También se dice de él que era capellán del virrey.[2]

Juan de Villafranca.

En la corte de don Pedro de Toledo y entre los discípulos de Valdés aparece el humanista Juan de Villafranca que, según insinúa Domingo y afirma Berti, estaría entre los discípulos y amigos más íntimos de Juan de Valdés, quien, como Villafranca, sostenía doctrinas unitarias, lo cual demuestra contundentemente Nieto no era Valdés antitrinitario. El testimonio de Tizzano orientará, como ya hemos dicho, hacia una postura luterana y nada anabaptista. El pensamiento valdesiano se propagó más allá de las fronteras napolitanas gracias principalmente a la predicación de Ochino y Vermiglio. La comunidad de Nápoles después de la muerte de Valdés fue dirigida por Juan de Villafranca, al servicio del virrey español de Nápoles. Característica del grupo era el desarrollo del movimiento espiritual valdesiano al que algunos acusan de antitrinitarismo y cuya comunidad duró hasta 1551, hasta que la Inquisición intervino allí. Sin embargo, el filo-protestantismo sobrevivió durante más de medio siglo, como lo demuestra la lista de unos 150 títulos de libros “heréticos” que  en 1565  ya había presentado a los lectores napolitanos el veneciano editor Gabriele Giolito.[3]

La continuación del movimiento valdesiano por otro español, gentilhombre al servicio del virrey Pedro de Toledo, Juan de Villafranca, demuestra, una vez más, la pujanza del movimiento evangélico español y la enorme influencia en el protestantismo italiano. Sería este el gran propagador de sus ideas como lo atestigua Dandelet,[4] que negaba la invocación de los santos, el purgatorio, la confesión, la autoridad del Papa …etc.[5] y también podía ser de descendencia judía[6]. Personalidad esta que también era seguidora de Segismundo Muñoz y ambos andaban en lo de la justificación por la fe o el Beneficio de Cristo.

Abad Leonardo  Busal (Girolamo Busale)

Sabemos que este abad laico de Calabria era hijo de padre español, mientras que Alfonso Lincurio Tarraconense, no tenía de español más que el nombre, dirá Carlos Gilly en “Erasmo, la Reforma radical y los heterodoxos radicales españoles.” Citará a los ya conocidos y calumniados antitrinitarios Erasmo, Servet, Juan de Valdés y este abad calabrés Leonardo Busale. Dice Gilly que la concepción de Valdés, “clarísismo por su linaje y piedad, …”dijo no saber de Dios y de su Hijo otra cosa sino que hay un Dios Altísimo, padre de Cristo, y un solo señor nuestro, Jesucristo, su hijo, que fue concebido en las entrañas de la virgen por obra del Espíritu Santo: uno y espíritu de entrambos. Después de Valdés estaría en segundo lugar  el abad Leonardo, gran erudito y teólogo que no tuvo sombra entre los eruditos de su tiempo.. (pag,227) Sin embargo dirá Gillly, que por esta brillantez y aunque rechazó prebendas “en nada exiguas y honores en nada despreciables” terminaría sus días haciendo tela de sacos en Damasco.

Gilly nos dice que este anabaptista antitrinitario, tenía al menos, dos hermanos, Mateo y Bruno, que junto a otros familiares judíos, vivían en Salónina y Alejandría. En el movimiento anabaptista que tuvo lugar en Padua a principios de 1550, aparece un grupo de exilados de Nápoles cuya figura más representativa era eñ abad Leonardo Busale, quien traía las doctrinas de Juan de Valdés. Sin embargo el aceptaría un nuevo bautismo, manteniendo las antiguas doctrinas antitrinitarias. Estas doctrinas antitrinitarias son apreciación de Gilly, aunque nosotros, siguiendo a Nieto, ya hemos demostrado que Valdés no era antitrinitario. Gilly añade que trajeron a este grupo conceptos tales como la negación de la divinidad de Cristo, la muerte del “alma”, y un espíritu de crítica racionalista en la interpretación de las Escrituras.

En 1534 nos encontramos con el primer proceso contra un anabaptista y sus seguidores por tener ideas antitrinitarias, propagadas fundamentalmente por Juan de Villafranca, Leonardo Busale y el abogado veneciano Giulio Basalú. En 1562 serían ahogadas estas ideas anabaptistas en la laguna de Venecia y encontrarían una mayor propagación las del protestantismo magisterial o conservador. La primera infiltración anabaptista se había producido ya por 1526, encontrando entre sus seguidores a personas de todas las clases sociales, principalmente entre la clase media y baja. Venecia a mediados del siglo XVI está llena de reformados y no solo de luteranos y calvinistas, sino también de radicales anabaptistas. Era esta anabaptismo un movimiento muy diverso donde se habían vinculado la “revolución de campesinos”, estudiantes antitrinitarios Napolitanos y la tradición racionalista de Padua, dirigida por Leonardo Busale, quien uniría las tendencias populares con las más académicas de humanidades. (Pettegree)(Caponetto, 1997)(Gilly, 2005)(Friedmans, 1994)

Parece que el movimiento fue tan importante como para organizar en secreto, en septiembre de 1550, en Venecia, una reunión para resolver las disputas teológicas internas. La participación de pastores, obispos y sacerdotes, (según la organización de las iglesias anabaptistas) fue de más de sesenta personas y se prolongó por más de cuarenta días seguidos. A finales de 1551 el movimiento anabaptista sufriría un golpe fatal, al ser denunciado a la Inquisición romana en Venecia que endureció sus métodos. Los principales anabaptistas de Venecia buscarían refugio en las comunidades de los Hermanos de Bohemia. Sin embargo, la gran presencia de comerciantes alemanes, propiciaría la distribución de obras de Lutero por los libreros venecianos, llegando a ser Venecia un lugar privilegiado a través del cual las ideas de la Reforma penetrasen en Italia. En 1525 se publicaría una antología de las obras de Lutero, en 1530, con la autorización del Senado de Venecia, se publicaría en Nuevo Testamento, en 1531 la traducción de los Salmos y en 1532 todas las Escrituras. El mayor trabajo recayó en Brucioli que, Según Caponetto, fue unos de los mas eficaces instrumentos para la difusión de las doctrinas de la Reforma, pues el texto sagrado podía introducirse en todos los lugares y en especial entre los jóvenes.

En este ambiente de efervescencia teológica, humanística y espiritual se desarrolla el movimiento del abad de Calabria y reconocido anabaptista Leonardo[7]. Cuando en 1553 Lorenzo Tizzano fue encarcelado en Padua por la Inquisición, comenzaron a estar en grave compromiso personas como la española Isabel Breseño o el abad Leonardo y muchos anabaptistas como Giovani Lauretto que confesó ser anabaptista, como lo era el abad Leonardo Busale, secretario de Isabel Breseño. Aunque Breseño salió de Italia por otros motivos, la Inquisición la consideró sospechosa por estar rodeada de tantas personas no católicas romanas.


[1] Juan de Valdés (1498? 1541) Su pensamiento religioso y las corrientes espirituales de su tiempo. Escrito por Domingo de Santa Teresa, Domingo De Sta. Teresa Publicado por Editrice Pontificia Università Gregoriana, 1957 .-423 páginas Pág. 147

 

[2] Spain in Itali politics, society, and religion 1500-1700 -By Thomas James Dandelet .- Pág. 469

[3] La Riforma in Italia: una panoramica della Riforma Protestante e la sua influenza nell’Italia rinenascimentale. Paolo Branchè.

[4] Spain in Itali politics, society, and religion 1500-1700 -By Thomas James Dandelet, John A. Marino, American Academy in Rome. Published by Brill, 2007. Original from the University of Michigan.-594 pages Pág. 23

[5] Historia social y religiosa de los Judíos, Volumen 14: Alta Edad Media y …por Salo Wittmayer Barón – Historia – 1970 – 412 páginas Página 136

[6] The Reformation world By Andrew Pettegree. Published by Routledge, 2000 .- 576 pages- Pág. 292

[7] Eresia, Riforma e Inquisizione nella Repubblica di Venezia del Cinquecento. Daniele Santarelli

Escrito por Manuel de León de la Vega

Publicado en  on 19 Octubre 2009 at 13:44 Dejar un comentario

Constanza de Ávalos. ¿Es quizás la Gioconda de Leonardo da Vinci?

Mona_Lisa[1]

La española Constanza de Ávalos, duquesa de Francavilla, desde 1520 a 1530, había atraído hacia los salones de su casa, los hombres más cultos y las mujeres más inteligentes. A pesar de su juventud, su desarrollo intelectual y espiritual dejó huella en el Renacimiento italiano. A su lado y en el mismo entorno cultivado y aristocrático, estaban las hermanas Juana de Aragón Colonna (1502-1575) y María de Aragón de Ávalos (1503-1566) y también sus cuñadas Vittoria Colonna Ávalos y Julia Gonzaga, mujeres estrechamente relacionadas por los mismos gustos, la misma visión de la vida y la misma espiritualidad.

Por los años 1530 a 1540, los salones de Constanza eran el catalizador de la cultura y el pensamiento de la Reforma, cuyo modelo se había extendido a ciudades como Nápoles, Roma, Viterbo, Ferrara, Milán o Pavía lugares estos dirigidos por alguna de las mujeres Ávalos-Colonna. Estaban ocupados en asuntos culturales, pero también de la religión, de la filosofía y de la política de su tiempo. Cada uno de estos lugares era una célula para la propagación del Evangelio que se extendía por todas partes de Italia, impulsada dicha expansión por las ideas reformadoras de Juan de Valdés y otros reformadores transalpinos. Como dirá Diana Robin, mientras el salón de Costanza de Ávalos creado en el castillo de Ischia, que era un refugio de guerra, suponía una arcadia italiana, alejada de las ciudades de la península, sin embargo lo que allí nació afectó a la política de la iglesia y del estado. (Robin, 2007, pág. 39)

Mujer de excepcional belleza y gran virtud, Constanza de Ávalos, se casó con Alfonso II Piccolomini, duque de Amalfi e hijo de la infortunada Juana de Aragón. En ausencia del esposo el ducado era dirigido por la princesa, a la que Carlos V le había dado este título a la muerte de su marido. Sería Costanza fina poetisa y sabría convertir Amalfi en el siglo XVI en un importantísimo centro de cultura. A través de los Ávalos, la isla de Ischia tendría fama hasta el siglo XVIII y la belleza de la española Constanza de Ávalos estaría expuesta, desde entonces, en la famosa “Gioconda de Leonardo da Vinci” según dicen los eruditos en puntura, que envuelta en velos de viuda, también sufre la muerte de una hija. Así lo expresa un poema de la época donde se lee que Leonardo la pintó “bajo bello velo negro”

“La catequizó Mons. Carnesecchi (p.57.58 y 374). Con menos seguridad se cita como amigas de Valdés a D.ª María y a D.ª, Juana de Aragón, marquesa del Vasto la primera y mujer de Ascanio Colonna la segunda; a Isabel Villamari y Cardona, princesa de Molfetta, mujer de D. Ferrante Gonzaga; a María de Cardona, princesa de Sulmona; a D.ª Constanza d’Avalos, duquesa de Amalfi; a Dorotea Gonzaga, marquesa de Bitonto; a Isabel Colonna, princesa de Bisignano; a Clarisa Ursina, princesa de Stigliano, etc. De ninguna de estas señoras consta que fuera hereje (cf. CABALLERO, p.194)” (Menéndez y Pelayo, 2007, pág. Nota 1466)El poeta Benedetto Gareth, el famoso Cariteo, dedicó un soneto a la  duquesa de Francaville, la señora Constanza d´Avalos (Cf. Antologia di poetas del cuatrocento, Roma, 1970, compilada por el filólogo Gianfranco Contini), quien sería la misma mujer que fue pintada “bajo el hermoso velo negro” (basso il formoso velo nero).(Vadés, 1855)

Escrito por Manuel de León de la Vega

Publicado en  on at 12:55 Dejar un comentario

¿Fue mística la Reforma protestante en España?

st-etheldreda

José C. Nieto nos sigue siendo la mejor guía en este terreno de la teología mística y de si fue mística la Reforma en España. Pero antes debemos aclarar lo que entendemos por misticismo español sin ser exhaustivos. Si entendemos por mística todo conocimiento de la divinidad que el hombre pueda alcanzar y que se mantiene oculto o secreto, toda teología tiene ese propósito y la Reforma también sería mística. Pero si nos referimos a la mística española del Barroco más próxima a nuestros reformadores, creemos que poco tenemos que advertir.  Para el historiador alemán Werner Weisbach, “El fundamento de la mística en cuanto fenómeno religioso reside en una singular forma de oración y de recogimiento que se distingue por su especial carácter psíquico. La voluntad está sumergida en el propio yo, apartada del mundo, pasiva, resignada, entregada profundamente a lo divino sentido íntimamente, dirigida con toda su capacidad de entusiasmo a su unión con él.” Será por tanto la mística una ciencia de lo sobrenatural, de manera que cada acto sea litúrgico-religioso o no, busca la unión con Dios y el progreso espiritual pero también como fruto de la gracia.

El mundo protestante ha acogido con menos benevolencia que el católico esta actitud religiosa de la espiritualidad mística. El éxtasis espiritual como experiencia de Dios en hombre y no de la virtud, de la profesión o vacación como bien estudió Max Weber, hace que no sea apetencia de la teología dogmática protestante. Nieto nos deja claro que la Reforma en España en la primera parte del siglo XVI nada tuvo que ver con el misticismo cuyo punto crucial pertenece a la década de 1545 a 1555 y por tanto ni los alumbrados ni protestantes tendrían estas influencias. Además otras de las cualidades como la levitación, la bilocación, la milagrería en general o los estigmas como experiencias prodigiosas, no eran objeto de estudio soteriológico, pues los cristianos evangélicos del XVI estaban en otros debates como la sola Escritura, sola fe, Solo Cristo, justificación, Ley-Evangelio o en general “doctrina evangélica”. Sin embargo, también aparecerán en el campo católico procesos inquisitoriales de algunos místicos sospechosos de heterodoxia. En unos casos será por predicar en lengua vulgar su doctrina mística lo cual era un llamamiento a estas prácticas por gente inculta o inexperta y en otros porque el deseo de piedad era motivado por lecturas del Evangelio interpretado desde una teología que primaba la experiencia personal. Será pues la mística católica una contemplación más efectiva de Cristo, proclamada en libros como Vita Christi de Ludolfo de Sajonia, o la Imitación de Cristo de Thomas Kempis, que ponían el énfasis en la no conformación al mundo y en la ascesis como medio de imitar a Cristo, pero sin ese plus sobrenatural de la mística.

El choque frontal de los movimientos evangélicos con la mística es incuestionable. La misma Iglesia de Roma, pese a los esfuerzos por desarraigar la milagrería y los relatos de singulares experiencias sobrenaturales que proliferaban en toda Europa, no pudo con este tráfico idolátrico. Ni el mismo Concilio de Trento fue capaz de modificar una práctica católica llena de fiestas de santos, peregrinaciones, veneración supersticiosa de reliquias que eran un serio rival del culto a Cristo. Por eso la Contrarreforma acusada de idolátrica y superficial por los movimientos evangélicos anteriores a Trento, tendría que permitir el misticismo y las experiencias sobrenaturales y hasta hacer que gozaran de mayor prestigio por las autoridades eclesiásticas, no como prueba de santidad y adelanto de la espiritualidad, sino porque se reconocía un arma para atacar a los reformistas protestantes más alejados de estas prácticas.

Pero además el misticismo español está basado en la experiencia de sus protagonistas y no en creaciones o especulaciones intelectuales y teológicas.  La popularidad de esta espiritualidad que se infiltraba por todas las capas sociales aún entre el analfabetismo masivo de entonces, siempre fue proporcional a la fama de las experiencias extraordinarias que se contaban. Además de Pedro de Osuna, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Fray Luis de Granada, Ignacio de Loyola o Pedro Malon de Chaide autores de reconocido prestigio intelectual y espiritual, se unirían otros autores antiguos y modernos que exaltaron aún más el fanatismo por los fenómenos místicos, que alejaban al hombre del humanismo renacentista, mas mundano, no-divino y ubicado en el devenir de la historia. ¿Podemos incluir en esta espiritualidad mística la obra de Constantino Ponce de la Fuente, a cuya “Confesión de un pecador” para Menéndez y Pelayo es “el mejor trozo leído en nuestros místicos protestantes? ¿Es la ascética de Ponce mística y buscadora del éxtasis?

Según deduce Klaus Wagner[1] por las lecturas de la abundante biblioteca de Ponce de la Fuente, gran filósofo y teólogo, no saca sus recursos oratorios para la galería y el sentimentalismo evasivo, sino que, como dirá Mari Paz Aspe Ansa[2] “el arte retórico es para él un elemento al servicio de su intencionalidad apostólica. Pone en práctica lo que él mismo había pedido al predicador: estudio y diligencia”.  Para Bataillon y José Ramón Guerrero[3] la influencia de Erasmo en su obra es evidente pues figurarán en su biblioteca diecisiete títulos del roterdano y aparecerá como un gran humanista conocedor de la literatura clásica griega y latina. Un abismo demasiado grande existe pues entre la propuesta mística y ascética y la de un teólogo, biblista y exégeta, predicador y filólogo, que como dirá Pedro Vias Bos Tavares[4] representa mejor el evangelismo erasmiano peninsular, en valor intrínseco y fuerza divulgativa, además de ser su Catecismo un segundo intento de instrucción religiosa sobre una base histórica-bíblica, como lo había hecho primeramente Juan de Valdés con su Doctrina christiana.


[1] El doctor Constantino Ponce de la Fuente. El hombre y su biblioteca. Klaus Wagner  1979

 

[2] Constantino Ponce de la Fuente. El hombre y su lenguaje. María Paz Aspe Ansa. 1975

[3] Catecismos españoles del siglo XVI. La obra catequética del Dr. Constantino Ponce de la Fuente. José Ramón Guerrero.  1969

[4] Algumas notas sobre o “Catecismo peninsular”no seculo XVI. De Constantino a Frei Pedro de Santa Maria. Pedro Vilas Boas Tavares

Escrito por Manuel de León de la Vega

Publicado en  on 6 Octubre 2009 at 15:15 Dejar un comentario

La represión del protestantismo en España

Imagen 6

El entusiasmo reformador que acallaba los espíritus mas sedientos y los impulsaba al testimonio personal y a la práctica religiosa, pronto se desvaneció. Dice Adolfo de Castro, quien tiene una visión  tiránica y opresora de Felipe II: “No hay disculpa para los daños que sobrevinieron a España por la política suspicaz y desacertada de Felipe II, pues al querer este evitarlos trajo sobre su patria desastres parecidos a los que esperimentan las naciones en las guerras civiles. Si el deseo de este monarca era mantener en sus estados la unidad religiosa, pudo servirse de medios mas humanos. Y si creyó útil la tiranía de las conciencias y la esclavitud del pensamiento, ejemplos mejores tuvo para destruir a los que segían en España la Reforma y para manifestarse al mundo con menos aparatos de crueldad y con la misma firmeza de ánimo”. Sigue diciendo Castro con  encendida prosa: “ El perpetuo destierro de los que consideraba delincuentes en materias de fe, o las penitencias no tan rigurosas que impuso el Santo Oficio de la Inquisición a aquellos eclesiásticos y seglares que se llamaban “alumbrados”, hubieran sido remedios de igual eficacia para conseguir los mismos fines. Bien se que al llegar aquí esclamarán muchos que Felipe II al destruir a los herejes se sirvió de las leyes establecidas y de un tribunal constituido al efecto en otros reinados. Pero cuando las leyes son inicuas y mas inicuos aun los jueces, los castigos merecen tambien el nombre de iniquidades”

Henry Kamen[1] dice que el historiador oficial de los papas, Ludwig Pastor, consideró a Felipe II enemigo del papado, mientras que algunos historiadores españoles como Ricardo García-Villoslada diga que estaba “nutrido de las más puras esencias caste­llanas, supo penetrar en lo más hondo del alma española”. Lamenta Kamen que los historiadores españoles no han producido ninguna investigación sobre su política religiosa ya que esta fue única en Europa. Especialmente con los protestantes dice Kamen, es un dogma de la historiografía tradicional que detestaba a estos, aunque la inevitable convivencia con ellos ya en Alemania por 1548 y en Augsburgo en 1549 mejoraría su comprensión y hasta agradecimiento por el trato dispensado. Sin embargo, los consideraba una seria amenaza para la paz especialmente después de las guerras civiles en Francia. Dice Kamen que aún así no era “un odiador fanático de los protestantes” a pesar de la leyenda negra.

Creemos que Kamen presenta una realidad diferente a como la presentan los reformistas antiguos españoles (Valera, Juan Pérez, del Corro o Reinaldo González Montes) en sus escritos, sino que dulcifica hechos que no son ciertos. Cuando dice que en cuarenta años, después del nacimiento de la Reforma en Alemania, España parecía inmune a ella, ignora la actividad inquisitorial con los Iluministas, erasmistas y luteranos españoles. Dice Kamen: “En España, a diferencia de otras naciones occidentales, brillaba por su ausencia la represión religiosa, lo cual creaba un cli­ma de refrescante libertad. «Lo interpretábamos todo libremente”, comentaba un sacerdote. “En aquellos días no había necesidad de sospechar de nadie”. Estas frases, de un reconocido historiador de la Inquisición, me han sorprendido. ¿Acaso desearía Kamen un auto de fe todas las semanas? ¿Es que solo el martirio era la única posibilidad en España de manifestar la fe? La tesis de Kamen es preventiva. Si Felipe II actuó con contundencia contra los protestantes era para que no se matasen entre sí como en Francia y su apoyo inquebrantable a la Inquisición para que las matanzas no fueran como en Inglaterra o los Países Bajos. Un razonamiento demasiado débil para hechos completamente distintos.

Esta forma de ver de Kamen plantea un problema historiográfico que tiene que ver con el Evangelio y la Espada o como lo expresó la iglesia primitiva: “la sangre de los mártires es semilla de la iglesia”.  Se plantea el dilema de si la resistencia con la espada como lo hicieron los albigenses, los bohemios, los protestantes franceses, ha dado el resultado de perecer por ella en humillante derrota. Por otra parte quienes sus armas han sido “la sangre del Cordero” y su testimonio hasta el martirio, son los que han triunfado, dirá Andrés Fuller en Patriotismo Cristiano. Sin embargo no todos los casos han sido iguales y solo Dios sabe el porqué de esos triunfos o derrotas.  Por ejemplo los albigenses que lucharon y resistieron fueron exterminados, mientras que españoles e italianos sin luchar tuvieron ese fin. Las guerras defensivas de protestantes en Alemania, Suiza, Escocia y los Países Bajos tuvieron éxito, mientras los protestantes franceses levantados en armas, mientras están con la espada en la mano no fueron exterminados y si lo serán cuando permanecieron amparados por edictos y podían manifestar su fe públicamente. Los valdenses y bohemios que lucharon y han defendido sus vidas, han permanecido.  Sin embargo, tampoco podemos decir que los mártires españoles han dado la vida en vano ya que su testimonio traspasó fronteras y ha llegado hasta nosotros. Así pues queda claro que diferentes actuaciones frente al martirio de los santos han dado resultados diferentes.

La tesis doctoral de José Luis Gonzalo Sánchez – Molero El erasmismo y la educacion de Felipe II (1527-1557). Universidad complutense, 1997, nos presenta a un príncipe Felipe II educado y formado con criterios más alla del erasmismo o como el autor titula, “humanismo erasmizante”. Si las primeras enseñánzas habían estado dirigidas por un Siliceo de imangen oscura y “escolástica”, y sujeto dentro de un limitado campo castellano, posteriormente con Zúñiga se abriría a las nuevas y beneficiosas tendencias extranjeras. Varios de nuestros protestantes escribieron y estuvieron interesados en la formación del Príncipe. El ambiente iba más alla del erasmismo. Las disciplinas no se limitaban a la medicina, la anticuaria o la historia, sino que el príncipe tambien le cogió gusto por la teología.[2] Esta imagen está bastante alejada de un Felipe II ignorante y rencoroso y nos presenta a un Felipe II arropado por un movimiento que era muy diferente al de Alfonso de Valdés pero conservando “el cultivo de la espiritualidad reformada e intimista” apartando los temas polémicos.

“La presencia de humanistas erasmizantes en la corte filipina tuvo, como hemos visto, dos etapas y dos ámbitos bien definidos. El primero se sitúa en la corte de Valladolid, entre 1545 y 1548; el segundo surge a raiz del “felicísimo viaje” del príncipe a los Países Bajos, periplo que puso en contacto a los integrantes de este cenáculo aúlico con los círculos humanísticos belgas. Cuando Felipe II regrese a los Países Bajos en 1555 será recibido con alborozo por los miembros de varios cenáculos erasmizantes hispano-belgas, constituidos en Amberes, Bruselas y Lovaina, desde los que se planteará un programa político para el nuevo monarca desde la óptica del humanismo cristiano. Cuando hablamos de un erasmismo filipino nos referimos a aquel que se desarrolló como corriente de pensamiento en la Casa del Príncipe, entre 1545 y 1557. Este ámbito cortesano moldeó la peculiaridad de este erasmismo filipino. Una Corte que era la del Príncipe, y que estaba sujeta a su mecenazgo y protección. La influencia del mundo ideológico de Carlos V, los intereses políticos, las inclinaciones intelectuales y religiosas del propio Felipe, y, en definitiva, la especificidad inherente a toda Corte renacentista con relación a su entorno social, dieron a este erasmismo filipino su especial idiosincrasia. (Gonzalo Sánchez-Molero, 1997, pág. 820)”

Advierte, sin embargo, Gonzalo Sánchez Molero, que no hemos de etiquetar ahora a Felpie II en clave erasmista de modo que hegemonice el discurso historiográfico. Dice: “Porque ni Felipe II fue Alfonso de Valdés, ni el erasmismo era un movimiento de izquierdas (como diría Fuster). Si bien su educación estuvo fuertemente influida por una corriente erasmizante, dominante entonces, y Felipe II, siendo príncipe, se imbuyó conscientemente del pensamiento de Erasmo, esta realidad empieza a evolucionar, a madurar, después del “Felicísimo viaje”. El vigor del erasmismo había empezado a debilitarse hacia 1551, su momento histórico ya había pasado, y el recambio generacional en la escena intelectual de la época comenzaba a plantear nuevos interrogantes, nuevas vías religiosas, políticas o artísticas. Y el príncipe, que entonces tenía veinticuatro años, se abrió a las novedades, evolucionando y madurando su educación erasmizante a través de aquellas. Era natural.” Felipe de la Torre, al cual leía Felipe II, marcará una diferencia con respecto a Erasmo en cuanto a la selección de libros en romance. Loa utores que propone ya no pertenecen al tiempo del humanista holandés sino a los de mediados del XVI: “En nuestra vulgar lengua ay tambien libros de piedad y de historias: como son las obras d’eI Doctor Constantino, del Padre Fray Luis de Granada, de Don Serafino de Fermo, y otras historias de España, y la que Pedro Mexia hizo de los Cesares. De los quales se sacarán muchos aulsos para temer a Dios, y saber gouernar” (Gonzalo Sánchez-Molero, 1997, pág. 791)

“Estos datos nos revelan, una vez más, los importantes contactos que los miembros de este grupo de Lovaina establecieron con la Corte, y nos proporciona una de las claves para comprender las razones que propiciaron a la altura de 1556 que personalidades tan heterodoxas como la de Furió entraran al servicio de Felipe II. Existía una identidad intelectual y religiosa entre la Corte y este grupo de Lovaina, identidad que convirtió la Casa del nuevo Monarca, educado en el erasmismo, en un lugar de cobijo para Fox Morcillo, de la Torre o Furió, de la misma manera que antes lo había sido para Constantino Ponce de la Fuente y para Carranza, mentores y maestros de esta nueva generación de espiritualistas españoles”. La Carta a Felipe II de Juan Pérez de Pineda pertenece también a este ambiente político-reigioso.  “El proyecto que propone al monarca es completamente rupturista, y sorprende tanto su radicalidad como ingenuidad. Sin duda, la guerra con el Papado hizo concebir esperanzas, entre los sectores protestantes, de que el rey de España pudiera romper definitivamente con la Iglesia. Carlos V, derrotado física y políticamente, había abdicado y el archiduque Maximiliano de Austria simpatizaba con las ideas luteranas. ¿Por qué no podría inclinarse también Felipe II hacia la Reforma? Al fin y al cabo, Pérez no exponía en su Carta ideas muy diferentes a las que Laguna expresaba en su Viaje de Turquía, dedicado al nuevo Rey, ni planteaba esperanzas y proyectos muy divergentes de los que su ascenso al trono había despertado en Amberes, Bruselas y Lovaina.” (Gonzalo Sánchez-Molero, 1997, pág. 807)

En este contexto de las nuevas ideas en la corte de Felipe II, dice Sánchez Molero: “ Sin embargo, la fe de la que Pérez se hace abanderado no es la católica, punto este último bien salvaguardado en los escritos de Morcillo, Furió o de la Torre, su credo es ya el calvinista. La Carta a Felipe II, de Pérez, se hizo circular de manera paralela con la Imagen del Anticristo, opúsculo antirromano traducido al castellano por Ochino, y adornado con un grabado en el que se veía al Papa arrodillado ante el diablo. En el ambiente erasmizante y reformista de la Corte filipina de Bruselas, con Carranza recién elevado al arzobispado de Toledo, y en donde todavía Constantino Ponce de la Fuente, progenitordel evangelismo sevillano, era considerado como una autoridad espiritual, muchas ideas nuevas en lo político, lo cultural y lo religioso podían ser bien acogidas, e incluso compartidas, pero no una tan descarada invitación a la herejía y a la ruptura con Roma. Ya entre los libros que se mandaron quemar en Valladolid, el 2 de enero de 1558 figuraba uno “en romance que se yntitula carta enbiada a nuestro augustisimo principe don felipe rey de spaña sin autor”. Pero tampoco tuvieron mejor suerte Carranza, Fox Morcillo, Laguna o Furió Ceriol. En este sentido, el fracaso de su vía irenista no fue distinto a la condena de la vía calvinista de Juan Pérez de Pineda, victimas todos ellos del gran giro de 1559.” (Gonzalo Sánchez-Molero, 1997, pág. 808)


[1] Política religiosa de Felipe II. Henry Kamen (Artículo)

 

[2] Felipe de la Torre, en su Institución recomienda leer el libro de la Ley de Dios, es decir, el Deuteronomio, los Proverbios de Salomón, el Eclesiástico, los libros “historiales” de la Biblia y, en suma, todo el Viejo y Nuevo Testamento, pues en su lectura atenta el Rey “aprenderá ‘a conocer a Dios que le hizo, y las mercedes que d’el recibe, y leyes para bien gobernar su pueblo”. Entre sus lecturas escolares ya figuraba una Biblia en cinco tomos y las Antiguedades de Josefo. En 1539 se le añadió a su biblioteca una traducción versificada al castellano de algunas partes de la Biblia, de Bernardino Porticonari, racionero de Salamanca, códice con algunas iluminaciones de bella factura, que fue dedicado y entregado al Príncipe.En 1540 se añaden algunas lecturas religiosaslos como los comentarios de Tittelman sobre los Salmos y una Biblia cum Postilla Hugonis Cardinalis (ParIs, 1532-1539), impresa por Jean Parvo, Poncet le Preux y Pierre Gaudal, en seis volumenes. Siliceo comprará otra Biblia más práctica y con concordancia en once tomos, comentada por el cardenal Hugo de San Charo. Aparecen en la biblioteca del P´rincipoe Felipe la Biblia de Colineo en once volúmenes, la Biblia de Estiènne-Vatable,  yconcordancias de la Biblia.

Escrito por Manuel de León de la Vega

Publicado en  on 27 Septiembre 2009 at 14:54 Dejar un comentario

Isabel de Austria, luterana.

isabel_de_austria

No hemos de olvidar a la reina de Dinamarca, Isabel de Austria, gran luchadora en la defensa del luteranismo. (Bruselas, 1501 – Swynaerde, 1526) Reina consorte de Dinamarca y Suecia (1515 – 1522). Tercera hija de Felipe el Hermoso y Juana la Loca, durante sus primeros años de vida apenas pudo conocer a sus progenitores, ya que cuando contaba un año, sus padres viajaron a Castilla para ser proclamados príncipes de Asturias. Aunque éstos regresaron a Flandes en el año 1504, tras la muerte de su abuela materna, Isabel la Católica, Juana y Felipe partieron nuevemente hacia Castilla el 7 de enero de 1506. No volvió a verles nunca más, ya que su padre murió poco tiempo después y su madre, tras sufrir una fuerte depresión, fue recluida en Tordesillas hasta su muerte en 1555.Así, Isabel se educó en Malinas junto a su hermano, el futuro emperador Carlos V, y a sus hermanas, Leonor y María, todos ellos bajo la atenta supervisión de su tía, Margarita de Saboya, la cual había sido nombrada tutora de los jóvenes príncipes y gobernadora de los Países Bajos.

Se conocen muy pocos datos a cerca de su educación, aunque esta debió ser esmerada, así la joven princesa dominó a la perfección tanto el alemán como el francés, que era el idioma oficial de la Corte. En 1519 se convierte en la reina de Suecia, con la coronación de Cristián II en Estocolmo. Sin embargo, la dicha no sería duradera: en 1523 los suecos se rebelan contra la autoridad del rey danés, y Gustavo Vasa, líder de la rebelión, se proclama rey. En Dinamarca, el duque Federico, tío del rey, se subleva contra Cristián II; Isabel y su esposo solicitan frenéticamente a sus parientes regios que convenzan al duque de no rebelarse, pero es inútil. En marzo, es proclamado rey Federico I en la ciudad de Viborg. Cristián II considera su causa perdida y decide capitular. El día 13 de abril, a bordo del navío “El León”, el rey y su familia abandonan Dinamarca rumbo a los Países Bajos, donde serían recibidos por Margarita de Austria. Isabel no volvería nunca más a Dinamarca. Antes de abandonar Dinamarca, el rey Federico I le ofreció a Isabel el permanecer en el país junto a sus hijos, a lo que ella, según la tradición, habría respondido: “Ubi Rex meus, ibi regnum meum” (“Donde está mi rey, allí está mi reino”). Con esta frase simple y concreta, Isabel demostró la profunda fidelidad y lealtad a su marido, en los difíciles años del exilio. En marzo de 1524, el rey Federico I logra ocupar Copenhague y es coronado rey, consiguiendo dominar todo el país. La batalla estaba perdida. En los años siguientes, Isabel y Cristián trataron, sin éxito, el apoyo de sus regios parientes para recuperar su reino perdido; pero las relaciones de ambos con los luteranos hicieron que les fueran aún más difíciles las cosas con las monarquías europeas.

Escrito por Manuel de León de la Vega

Publicado en  on at 14:29 Dejar un comentario

Historia y pasión.

800px-Goya_Tribunal

Siempre es difícil para el historiador, por no decir imposible, acertar y permanecer en el fiel de la balanza historiográfica. Desde las interpretaciones de cada tiempo, entre las coordenadas de los valores de cada época, la relatividad de cada cosmovisión puede acercarnos al hecho histórico pero siempre habrá un déficit de objetividad. Hay obras que recrean la historia exageradamente o son invenciones y sin embargo pueden proponernos o sugerirnos una realidad oculta. Nos referimos a dos obras del liberalismo protestante español del XIX que fueron estelares en su momento: Cornelia Bororquia, una víctima de la Inquisición de Luis Gutiérrez, y La Inquisición sin máscara o disertación en que se prueban hasta la evidencia los vicios de este Tribunal y la necesidad de que se suprima de Antonio Puig Blanch. En ambas aparece el fantasma de la Inquisición como algo reprobable, una carga demasiado pesada para hombres que se quieren sentir libres. Sin embargo por estas exageraciones noveladas aparecerían los apologistas con las bondades de un Santo Oficio “que solo buscaba el bien de las almas.”

Cornelia Bororquia se editó en Paris de 1801, aunque escrita en castellano y enseguida pasó a formar parte del Indice de libros prohibidos así como ser traducida al alemán o ser compendiada en forma de coplas de ciego. Su autor, Luis Gutiérrez, era sevillano y había pertenecido a la orden trinitaria que después abandonaría y se establecería en Bayona como redactor de una gaceta destinada a exiliados. Volvería a España entre la gente que acompañó a José Bonaparte y sería apresado y ahorcado aquella misma noche de 9 de abril de 1809 como fraile apóstata. Llorente dirá que es una novela “mal zurcida, muy inmoral y escandalosa, con solo el objeto de hacer odiosa y aborrecible la Inquisición”. Como podemos extraer de este juicio de Juan Antonio Llorente el objeto de conseguir desprestigiar la Inquisición, dio armas para su defensa y ocultar todo un mundo de crueldades.

El otro libro, “La Inquisición sin máscara”  se cataloga como de género polémico, en el que se trata de refutar en pública confrontación todo el conflicto del Santo Oficio. Es  un lenguaje dialéctico que tiende a demostrar la tesis propia con los mejores argumentos y se emplea a la historia para buscar pruebas. Puig Blanch aparece como el desenmascarador de una Inquisición que ha ocultado sus vicios y ejercido violencia. Natanael Jontob es el seudónimo de Antonio Puig Blanch. Este había sido novicio en la cartuja barcelonesa de Montealegre. A partir de 1807 se hace cargo de la cátedra de hebreo en los Reales estudios de San Isidoro de Madrid, para aparecer en Cádiz siguiendo de cerca los debates sobre la abolición de la Inquisición y publicando en 1811 la Inquisición sin máscara. Es la obra de Puig Blanch un trabajo de tres meses sin levantar cabeza, ayudado por unos documentos originales muy útiles para su propósito. Dirá Menéndez y Pelayo que no le faltan al autor ni ciencia, ni imaginación ni buen estilo, sin embargo lo descalificará por heterodoxo y deseándole fuese inscrito “más que en los anales de la literatura , en los del pugilato” porque a todos los destroza. Parece ser que tenía buenos documentos originales como el proceso de Olavide y Macanaz y que no solo el estilo sino también la erudición hacen que esta historia supere a la de Llorente. Usará frases arrefranadas como aquella en que define a la Inquisición como “un santo Cristo, dos candeleros y tres majaderos”. Sin embargo, a pesar de la maravillosa obra de calor y nervio para defender sus convicciones dirá: “Yo sostendré constantemente que ni prueba religiosidad hacer la apología de la Inquisición ni impiedad el impugnarla. En lo demás, por lo que a mí me toca, así en ésta como en cualquier otra materia, llevo por máxima evitar como perniciosos los extremos”. Esta última frase de Pauigblanch, en la que recurre a la mesura evitando los extremos pude servirnos de orientación a nuestro propósito historiográfico, sin  tener que renunciar a la pasión.

Escrito por Manuel de León de la Vega

Publicado en  on at 14:18 Dejar un comentario

La autoridad de la conciencia.

index.44

La Reforma protestante en el contexto de la crisis de la cultura europea del siglo XVI, deja claro que la autoridad religiosa encarnada en el Papa, el Concilio de Trento y el brazo secular, solo recaerá en la libertad de conciencia. La unidad dogmatica esgrimida hasta entonces, cuyo significado se expresaba en la fides católica pasará a la conciencia y a la religio christiana. El V Concilio de Letrán (1512-1517) había confirmado el problema de la autoridad pontificia, incapaz de aplicar reformas rigurosas sin hacer saltar en pedazos la institución. La autoridad romana dependerá a partir de ahora del grado de libertad de conciencia otorgada al individuo. Cuando Lutero rehúsa retractarse, apela a la imagen del hombre en conflicto y proclama: “No puedo, ni quiero retractarme, porque no es seguro, ni sincero, obrar en contra de la propia concien­cia. i Que Dios venga en mi ayuda! Amén”. A lo cual replica el oficial: “Depone tu conciencia, Hermano Martín; lo único que no tiene peligro es la sumisión a la autoridad establecida.” Expresa Lutero las mismas ideas de Wychliff y Juan Hus invocando el foro interno como imperativo absoluto y preceptivo. La conciencia no puede ser violada por ninguna coacción humana. Sin embargo el Papado, que representa la ortodoxia, se coloca en la esfera de lo divino. La jerarquía romana se identifica como de origen divino. El discurso romano es que el Papa es vicario de Cristo, aunque este sea un indigno. Resistirse al Papa es resistirse a Dios. Roma defiende la tesis de que Dios sacraliza la institución jerárquica y por tanto la autoridad está al mismo nivel de Dios y la Escritura.

Sin embargo esta radicalización de la autoridad, elevada al máximo por el cardenal Tomás de Vio Cayetano, no deja lugar alguno a la libertad de conciencia que era un sentimiento mayoritario en los espíritus más sensibles de los años 1520 a 1540. Para Paul Tillich toda re-afirmación de una institución la vuelve más estrecha y ese era el sentimiento de los humanistas evangélicos y ciceronianos frente a Roma. Trento y Lutero se enfrentan ferozmente y ya no habrá posibilidades de entendimiento. Lutero por 1520 blandirá la paradoja paulina en su “Sobre la libertad del cristiano” afirmando que el cristiano es a la vez “un señor libre por encima de todas las cosas” y “un siervo sometido a todas las cosas”. Lutero escribirá el “Llamado a la nobleza cristiana” rechazando los postulados eclesiológicos de Trento, afirmando que la verdadera iglesia es la “congregación de los fieles” en la que cada cristiano mantiene una relación personal con Dios y usa la Escritura como única revelación de lo Alto. El sacerdocio no es el privilegio de unos pocos, sino universal y de todos los creyentes unidos a Cristo por la fe en Él. Por derecho solo Dios y la Escritura tienen autoridad absoluta y sagrada, siendo el Papa, los obispos,  el clero y todos los fieles, indignos pecadores, hijos de Adán sin ningún derecho a subrogarse derechos divinos.

Se dice en muchas historias de la Reforma que el luteranismo fue una reacción a los desmanes morales y que todo anticlericalismo estaba bien merecido. Se dice que Tomas Moro (1477-1535) y Erasmo en sus virulentos ataques a la Roma desordenada y llena de vicios y violencias, contribuyeron a legitimar las tesis luteranas, que no solo consideraban a Roma la gran ramera y la nueva Babilonia sino que destruían su autoridad y prerrogativas eclesiales. Sin embargo la radicalidad luterana es irreversible porque no basa su doctrina en meras desviaciones humanas, vicios y pecados humanos, sino en Cristo como base y centro de la fe. No se necesitan sustitutos porque Cristo es el único Mediador entre Dios y los hombres y nadie puede ya poner jurisdicción a la conciencia para juzgar y condenar a los fieles. “Post tenebras Lux” es el grito de los reformadores que ven un nuevo amanecer mas enraizado en las fuentes primeras sin contaminación. Todos sienten horror a los libros de santos y de caballerías que novelaban lo sagrado. Desde Erasmo hasta Michel Montaigne, como también lo sería Sebastián Castelión, fueron, con sus ensayos y escritos varios, moderadores entre la iconoclastia severa y el folclore religioso. Lutero desacralizará con violencia una iglesia en sus hechos corrupta y en su dogmática arrogante y autoritaria, sin base bíblica e irrespetuosa con la conciencia humana.

Escrito por Manuel de León de la Vega

Publicado en  on at 14:03 Dejar un comentario

La sombra de Lutero en las “congregaciones” o Comunidades de Castilla

ev18

Análisis de una época revolucionaria.

Uno de los primeros datos que relacionan los acontecimientos de los comuneros con el movimiento de la Reforma en España es el aportado por Usoz y Rio respecto a Hernando de Valdés, padre de Juan y Alfonso de Valdés. Según Usoz y Rio, Hernando, además de algunas aportaciones a la obra de Juan de Valdés, también estuvo ligado al movimiento comunero. Usoz lo expresa así: “pienso que D. Hernando de Valdés, tomó parte favorable á los comuneros, en aquél levantamiento nacional de las Comunidades, que cayó con las nobles cabezas brutalmente cortadas en los campos de Villalár. D. Hernando, sin duda, para salvar á sus hijos de todo compromiso, los envió a la Corte, cuando la grandeza del Emperador, acabó con la que Castilla solía tener. Esto también nos explicaría, que ambos hermanos Alfonso, y Juan, preferían la reforma y mejoramiento, en España, verificados y realizados, por medio de una sólida educación y reforma religiosa; que no con ejércitos de armadas huestes.”[i]

Werner Thomas [ii]dice que tanto el duque del Infantado como el marqués de Villena habían mantenido una dudosa actuación en la guerra de las comunidades, en las que conversos y alumbrados habían apoyado esta subversión. Ambos eran protectores de ellos y ambos habían concluido acuerdos con Acuña para que este dejase tranquilas sus tierras en Toledo y el duque del Infantado sería uno de los últimos en intervenir después de la batalla de Villalar. Además sostiene Thomas que la familia Valdés también tenía antecedentes comuneros. Hernando de Valdés, regidor de Cuenca y varias veces procurador en las Cortes de Castilla, había apoyado al marqués de Villena durante las Comunidades y este sería el motivo de haber sido educado en la Corte de Escalona su hijo Juan de Valdés. “No es de sorprender, por tanto, que entre los enemigos de Erasmo había varios que vincularon las Comunidades con la herejía y que compararon “la bondad de la represión inquisitorial a la santidad de la resistencia armada a las Comunidades” y “la victoria de la ortodoxia en un auto de fe a la victoria imperial en la batalla de Villalar”. “Recordemos- dirá Werner- que en la época poscomunera, caracterizada por una fuerte reacción antijudía, el partido victorioso asoció fácilmente a los conversos y sus intentos de reforma inquisitorial con los comuneros”. Pero esta reacción antijudía también se dirigiría más concretamente a la “factio lutheranorum” española, ya que Lutero mostraba simpatías por los cristianos nuevos y por lo judío en los escritos que circulaban entre los comuneros por lo que Los Cobos reforzaría sus sospechas contra los erasmistas y alumbrados comuneros.

Melquíades Andrés, en su artículo “Lutero y la guerra de las comunidades de Castilla” concibe una aproximación histórica del hecho luterano y el comunero en los años de 1518-1521 como un momento de reforma en España. ¿Estuvieron en relación ambos acontecimientos? ¿Tuvo el luteranismo, como acontecimiento religioso, respaldo político como lo tuvo en Alemania con los príncipes y nobles? Melquíades Andrés dice que Lutero no tuvo protagonismo en la guerra comunera, ni esta en la explosión luterana. Sin embargo cree que ciertas resonancias de los conflictos religiosos y políticos alemanes, tuvieron cierta inmediatez en los conflictos de las comunidades. Más aún, resalta Melquíades Andrés el impacto dolido de aquella guerra comunera en la corte de Caros V y en algunos españoles que relataron estas coincidencias en las primeras décadas del protestantismo. Algunos textos parecen apuntar a esas interrelaciones comuneras y luteranas, aunque la primera imagen luterana en España siempre vino envuelta en la bandera de lo religioso- dirá este autor. Estos textos unos son del confesor de Carlos V, el general de la orden dominicana García de Loaysa; otro de Juan de Vergara, “fino luterano endiosado” lo llamará Diego Hernández, y otra de Melchor Cano.

El texto de Loaysa es una reflexión política, donde se mantiene contrario a los comuneros de Castilla y partidario del Emperador a quien estimó considerablemente. Antes de marchar a Roma para preparar el Concilio y por tanto antes de dejar el cargo de confesor, sostuvo una interesante correspondencia con el Emperador y su secretario Cobos. El texto que cita Melquíades Andrés es el siguiente: “Algún día me dijo V.M. que deseaba emplear su vida en defensión de la fe, porque con otra cosa no parecía poder recompensar las infinitas mercedes que de Dios avíades recibido. Ahora es, comienza el tiempo en que V.M. entienda si eran ypócritas y falsas aquellas palabras, o si eran cordiales y verdaderas”. Loaysa era buen jurista, religioso eximio, consejero recto, a veces duro y acaso algo entrometido, dada la difícil y recia psicología del Emperador. Por eso probablemente fue apartado de la corte y enviado a Roma. En carta a Carlos V enjuicia el hecho con extrema dureza: “Yo, a Dios gracias, estoy bueno y no me falta deseo de serviros, ni a Vuestra Majestad sin razón de haberme desterrado de vuestro servicio, mucho más en ofensa de vuestra ánima y servicio, que en gloria de los que movidos de envidia esto deseaban” No me extrañaría que una de las causas del alejamiento hubiera sido la línea de fuerza que Loaisa propiciaba en 1530, en una corte partidaria del pacifismo erasmista en relación con el luteranismo – dirá Andrés.

El pasaje en que Loaysa pone en relación a comuneros y luteranos pertenece a una carta dirigida desde Roma al Emperador el día 8 de octubre de 1530: “Hame pesado en el corazón la desvergüenza y porfía que esos herejes han tenido en sus errores, y mucho más de la poca esperanza que queda de concierto, y sobre todo me duele la mala disposición que veo para el verdadero remedio que es la fuerza. Siempre los comparé con los comuneros de Castilla, que buscando el camino de blanduras y medios más que honestos, perdimos el tiempo sin hacer ningún fructo, hasta que se tomó con ellos el cierto y perpetuo remedio que fue la guerra. Sin duda ninguna por este norte se habla de navegar en este piélago de maldades”. La visión que tiene Loaisa es que el movimiento luterano, y protestante en general, no se estaba atajando pues consideraba fracasados todos los métodos pacíficos. Por eso Loaisa escribirá con crudeza e ironía: “Señor, en otras letras he dicho que este nombre de concilio aborresce el Papa como si se mentase al diablo”(…): «Señor, siempre escribí que esos no dejarían sus herrores aunque les prometiésedes diez concilios, cuanto más uno…” “Trabajéis de persuadir esos herejes tomen algún buen medio en sus errores, moderándolos en la sustancia, permitiéndolos en lo ceremonial de tal manera que queden vuestros servidores en todo caso, y ansí lo sean de vuestro hermano; y si quisieren ser perros, séanlo y cierre Vuestra Majestad sus ojos, pues no tenéis fuerza para el castigo, ni manera alguna para sanallos a ellos ni a sus subcesores… De forma, Señor, que es mi voto que, pues no hay fuerzas para corregir, que hagáis del juego maña, y os holguéis con el hereje como con el católico, y le hagáis merced, si se igualare con el católico en servicios. Quite ya a V.M. fantasía de convertir almas a Dios; ocupaos de aquí adelante en convertir cuerpos a vuestra obediencia… Este es mi consejo y ansí le firmaré de mi nombre”.

Juan de Vergara pertenece a la generación de los descubrimientos y a las primeras promociones de la Universidad de Alcalá. En 1533 es detenido y acusado de luterano y Longhurst relaciona a Lutero con las comunidades de Castilla en este proceso, pues Vergara conoció su génesis, desarrollo y consecuencias. En el proceso de María de Cazalla y en este de Vergara, Lutero es mirado con simpatía, siempre como reformador de la iglesia y no como hereje o cismático. El pasaje que ya hemos citado en este libro y en el que se cita a las comunidades es este: “Al principio, quando Lutero solamente tocaba en la necesidad de la reformación de la Iglesia y en artículos concernentes corruptionem morum todo el mundo lo aprobaba y los mesmos que scriben contra él, confiessan en sus libros que al principio se le afficionaron. Y quasi lo mesmo acaeció en España en lo de la comunidad, que al principio, quando parecía que solamente se pretendía reformación de algunas cosas, todos lo favorecían; mas después que la gente se comenzó a desvergonzar y desacatar, apartáronse los cuerdos y persiguiéronla. No había cosa más común, al principio, que de dezir unos: Mirad como no se han de levantar Luteros; otros, razón tiene Lutero en lo que dize; otros, bien hizo Lutero en quemar los libros de cánones y decretos, pues no se usa dellos. E nadie se escandalizaba entonces desto. Quanto más que, como en Mahoma se podría loar que quitó el vino a los moros y que les mandó guardar verdad y justicia: así por ventura podrá alguno loar algo en Lutero: pues nihil est oc omni parte malum”. Con Lutero, reformador, todos estaban de acuerdo. Todos querían la reforma de la Iglesia in cápite et in membris. El reverso de la medalla considera al luteranismo posterior teológico, político, litúrgico,…

El tercer testimonio es un poco más tardío y recoge una descripción, a modo de teoría o filosofía, más universalizada sobre las comunidades, lo mismo eclesiásticas que civiles. Pertenece a un informe de Melchor Cano, fechado en el convento de San Pablo de Valladolid el día 15 de noviembre de 1555. Su autor es teólogo insigne, codificador del método teológico de la escuela de Salamanca –dirá M. Andrés. El texto es muy recurrido: “No tenemos, en este tiempo, espiritual capitán y guías, príncipes ni profetas de la autoridad de nuestros preceptores. No tenemos holocausto de perfecta mortificación, no sacrificio de suave devoción, no ofrenda de alegre y pronta obediencia, no lugar de primicias de nuestros primeros intentos puramente enderezados a solo tu servicio… Vuélvenos la alegría de tu familiaridad que tuvimos los primeros días que comenzamos el camino de servidos espirituales… No dijo más porque los sollozos le interrumpían la voz, y así todos nos despedimos gimiendo”.

Estas expresiones suplicatorias de mejores tiempos contrastaban con las de algunos declarantes procesados como el de María de Cazalla. “Esta declarante que oyó decir al principio quel dicho Lutero era muy religioso y avía tenido algunas apariencias de bien y que sí dixo que tenía razón Lutero, que no diría esta declarante tal syno fuese oyendo algunos vicios o desórdenes de los perlados e ministros de la Yglesta e diría que le daban ocasión para decir mal”. Sin embargo ahora las cosas tomaban otras actitudes más severas y Carlos V, Domingo de Soto y otros muchos españoles pedían mano dura. El párrafo que ofrezco,- dirá M. Andrés, está firmado en el convento de San Pablo de la ciudad del Pisuerga el 15 de noviembre de 1555: “La cuarta dificultad es esta. Mucho se debe mirar en las Comunidades, que por sosegadas que entren y justificadas [que] se representen, ordinariamente suelen dar en alborotos i desórdenes, o por mal consejo, o por mala ejecuzión, i de buena causa hazen mala. Por lo cual el hombre sabio, aunque los inferiores pretendan justizia contra sus superiores, debe desfavorezer las tales pretensiones, mayormente cuando la justicia no se ha de librar por leyes sino por armas. I pues en nuestros tiempos muchas naciones se han levantado contra el Papa, haziendo en la Iglesia un zierto linaje de Comunidades, no pareze consejo de prudentes comenzar en nuestra nación alborotos contra nuestro superior, por más compuestos y ordenados que comenzemos. Ni tampoco es bien que los que han hecho motines l hoi dia los hacen en la Iglesia, se favorezcan con nuestro ejemplo, i digan que nos conzertamos con ellos i que nuestra causa la suya es la misma por ser ambas contra el Papa. Ellos dizen mal del Papa por colorar su herejía, i nosotros lo diremos por justificar nuestra guerra; i aunque la causa es diferente, la grita parece una: aunque con la rabia los herejes hazen división; la nuestra no lo es, pero dirán que allá se va i que la semeja mucho. I con los herejes no hemos de convenir en hechos, ni en dichos, ni en aparienzias. I como entre los christianos hay tanta jente simple y flaca, sola esta sombra de religión les será escándalo: a que ningún christiano debe dar causa, por ser daño de almas, que con ningún bien de la tierra se recompensa”.

“El reciente invento de la imprenta servía tanto para difundir las antiguas como las nuevas ideas, y la doctrina protestante había alcanzado una gran popularidad en Alemania. Las tesis luteranas se habían transformado no solo en una crítica religiosa, sino en el germen de un movimiento político con fines de emancipación territorial y de secularización de los bienes eclesiásticos. Carlos, educado entre humanistas, coincidía con los luteranos en criticar las estructuras de la Iglesia. Consideraba que era ésta, y no la fe, la que debía ser objeto de una profunda reforma, puesto que se trataba de acabar con la corrupción de los obispos, las ansias de riqueza y la intromisión en los asuntos públicos, y el escandaloso comercio de las indulgencias, para el que el mismo papa había llegado a autorizar a las mujeres la firma de contratos que luego debían pagar sus maridos”.

Werner Thomas claramente afirma que en los primeros decenios del siglo XVI la reforma de Cisneros supuso una apertura a las influencias luteranas, creando un ambiente propicio a las ideas afines a Lutero. Del mismo fermento espiritual reformador impulsado por los reyes católicos y el cardenal, surgieron la mayoría de las manifestaciones heterodoxas y luteranas y también las políticas. La infiltración de las ideas protestantes se realizó por varios caminos. En primer lugar estarían aquellos españoles de la Corte de Carlos V que le acompañaron a Flandes y Alemania por 1520. Su formación humanista y su afición a Erasmo les harían apreciar a Lutero como un estandarte de esa reforma anhelada. Tampoco la bula Exurge domine podría cambiar los sentimientos de simpatía que en Amberes y Lovaina habían despertado las 95 tesis, aplaudiendo muchos de los cortesanos españoles que Lutero quemase públicamente su condenación. Después de la excomunión del Papa a Lutero las cosas cambiaron y ya no prestarían su apoyo a Lutero, pero seguían vendiéndose libremente por las calles sus obras. En España la influencia de Lutero fue la misma, aunque no se haya querido reconocer. También las fuerzas sociales anti inquisitoriales, los conversos y los comuneros de Castilla formarían un frente común, formando un complejo movimiento. Siendo las Comunidades un movimiento urbano donde los conversos, grupo sumamente urbano, identificarían sus interés con las revueltas en lo que a reforma de la Inquisición y los privilegios se trataba. En Valencia el tema de la Inquisición no entraría entre los ideales de la revuelta. Para Werner por los años de 1510 a 1525 la maquinaria tan perfecta de la inquisición frente al protestantismo, parecía ser un “dique” a punto de quebrarse. Según este autor, el embajador en Roma Juan Manuel, llamaba al obispo de Zamora, partidario y líder de los comuneros “otro Martin Luter”.

Los frailes comuneros, religiosos de la orden de San Francisco, y otras órdenes “que fueron contra el servicio de Dios y de su Majestad, del sosiego de estos Reinos” y fueron considerados “diablos del infierno”, supusieron también un momento de reforma temprano. Algunos maestros en teología fueron condenados y metidos en prisión, al ser excluidos del perdón general. Los frailes Alonso del Bustillo, Pablo de León, Alonso de Medina y Antonio de Villegas y numerosos conventuales de San Esteban de Salamanca que participaron a favor de los comuneros, serían sometidos a la disciplina pero no se darían por vencidos en sus ansias por reformas. Joseph Pérez[iii] quien relata en un voluminoso libro los acontecimientos que ocurrieron en el corto espacio de un año, considera al factor religioso y converso, no tan relevante como lo hace ver Américo Castro. Sin despreciar la importancia del converso en el contexto español, no se puede interpretar la historia de España en función de la situación de los conversos- dirá este autor. Pérez dice que no fueron los conversos los inspiradores de la revuelta, a pesar de la angustia existencial de esta minoría. Sin embargo cita a algunos contemporáneos como el almirante de Castilla que escribía al emperador el 7 de febrero de 1521: “La verdad es que todo el mal ha venido de los conversos”. El obispo de Burgos, en ese mismo mes, declaraba a los “conversos”, como de “dura cerviz” y revolucionarios irreductibles. En abril los inquisidores de Sevilla expresaban que tenían “por cierto que los que principalmente han sido la causa de las alteraciones de Castilla han sido los conversos y personas a las que toca el Santo Oficio de la Inquisición”. En mayo dirán los mismos que “la raíz de la revuelta de estos reinos han causado conversos”. Y en 1547 en cardenal Siliceo dirá que” todo el mundo sabe en España…que la revuelta de las comunidades fue provocada por instigación de los judío-cristianos”.

Es evidente que muchos conversos fueron comuneros, pero no se ha demostrado – dirá Pérez-, que se hicieron comuneros por ser conversos. Para Pérez tanto los frailes, eclesiásticos o conversos no tenían otros ideales que los revolucionarios o políticos, sin que se pueda demostrar o reducir las luchas políticas a los clanes o razas. Sin embargo creo que muchos autores han pasado por alto el mismo significado de comunidad así como congregación de fieles seguidores de unas ideas aunque los textos en este sentido son claros. Tal concepto puede estar ligado a la organización de la iglesia primitiva que se gobernaba por ancianos o de la misma sinagoga. Ciertamente muchos de los nombres que adoptaron las comunidades irán en este sentido. Así en Valladolid el organismo representativo era la congregación, en Zamora y Palencia Junta y en otras partes comunidad. La comunidad de bienes y servicios se desprende de múltiples comunicaciones. En la ciudad de Murcia fueron expulsados los diputados y regidores “al tiempo que esta ciudad se alborotó y estuvo por la comunidad” y “en todas las perrochias”… y de esta manera tenían su congregación y tenían sus escribanos y gobernaban la dicha ciudad syn que ningún regidor, ni jurado, ni caballero ni otra persona de buena intención entendiese entre ellos”. Así pues vemos que había una elección muy parecida a la comunidad cristiana y a la sinagoga, pues “mandaban en sus perrochias que no hiciesen jurados conforme a privilegios e uso e costumbres salvo que hubiese diputados como los había o jurados anuales e no de otra manera”. Así pues la selección de los más competentes para gobernar las comunidades fue la regla general. En algunos casos como la del maestro Bustillo que se le concedió el voto, no sería por razón de su clase eclesiástica sino por sus méritos. En otras ocasiones se nombraron doce elegidos para la administración y gobernación de la ciudad como elemento formal de los doce apóstoles. En Toledo hicieron jurado al doctor Martínez y este lo aceptó de mala gana diciendo: “me querían facer jurado de una perrochia y no quise aceptarlo y dexeles que no me hiciesen obispillo”. Aparecía el pueblo como voz pública en las Comunidades representando una gran originalidad, porque ahora la “voz del pueblo era la voz de Dios” según escribía la Comunidad de Jaén en 1520. La derrota de Villalar daría al traste con esta experiencia comunitaria. (Pérez pág. 511)

Juan Maldonado[iv] escribió la Historia de la revolución de las comunidades de Castilla. Este Maldonado lo tenemos reseñado entre los estudiantes de Lovaina que se reunían en casa de Pedro Jiménez, cuyos principios inspiradores eran los de la Reforma protestante. No es pues extraño este libro que escribió en latín y tradujo el presbítero, José Quevedo, bibliotecario del Escorial. La historia de Maldonado quiere ser la más fiel a la realidad, “no sobre huellas ajenas” sino como experiencia que vivió de cerca. Recrea Maldonado una época interesante de “borrascosas conmociones”, buscando explicaciones de su causa y origen. Maldonado es bastante severo con el subversivo obispo Antonio Acuña a quien califica de hombre guiado más por las pasiones que por la razón, sedicioso, de talento vivo, de ideas desasosegadas, con ansias de guerra aunque fuese civil como esta, ávido de fama y que no se había de tener en él confianza. En el ardoroso discurso de Acuña aparecen los motivos de la guerra de las comunidades: “Creeré haberme granjeado cumplida y superabundantemente grandes riquezas, un nombre célebre, una fama eterna, en fin, el verdadero descanso del alma, con tal que consiga aliviar algún tanto al pueblo de los tributos é inmoderadas exacciones; con tal que obligue a los magistrados a poner coto en saquear á los pobrecitos; con tal que llegue á señalar límites fijos, que no sea lícito traspasar, á los arrendadores de los tributos. ¿Qué mayor gloria, qué patrimonio más rico, qué fama más eterna que el haber aprovechado á mis conciudadanos con toda mi posibilidad, con todas mis fuerzas; que el haber sido de muchísima utilidad á la república , que el haber derogado las leyes que devoran al miserable pueblo. ¿Y qué otra cosa falta, esforzadísimos varones, sino el que vosotros, como os lo aconsejo, puesto que despertáis por fin de vuestro letargo , sigáis y ayudéis con dinero y soldados á vuestro jefe, que nada desea para sí, que solo desea ayudaros valerosamente y aun perder al mismo tiempo la vida? Vuestro jefe no os faltará como vosotros no os faltéis á vosotros mismos. ¿Acaso juzgáis que el auxilio divino faltará á tan piadosa causa? Tratad, no de hacer violencia á nadie, sino de libraros de la dura tiranía que contra vosotros ejercen los magnates, los magistrados regios y algunos implacables logreros; y estad preparados á evitarla, no robando lo ajeno, sino defendiendo lo propio. ¿Por ventura, yo que soy un sacerdote había de aprobar tan enteramente una causa que creyese que no era á Dios muy grata? Sírvaos de una prueba incontestable de que vuestra causa es santísima, el que un obispo, á quien están prohibidas las armas porque se hermanan mal con la piedad, toma con tanto ardor parte en la guerra. Mas diría si creyese que vosotros necesitabais de más largas exhortaciones, y si aun callando yo la misma causa no hablase. Sin duda que una insigne victoria manifestará de un día para otro cuál de las dos causas es más del agrado de Cristo”. A estas palabras de Acuna se respondía con aplausos en todas partes: “Llévanos á nosotros y á nuestros bienes donde te plazca, no haremos contigo estipulación alguna, de ti esperamos todos los bienes, á ti entregamos cuanto tenemos, usa de ello como quieras.”

Maldonado describe el sentimiento de frustración popular después de la derrota de Villalar y la muerte de Padilla, quien había exclamado: “¡ah mi amadísimo Bravo! ayer fue el día en que debimos morir como convenía á hombres nobles y valientes; pero ya hoy como verdaderos cristianos, como piadosos.” Pero Maldonado que defiende al emperador, admira también este movimiento reformador: “ Increíble parece cuánta tristeza y llanto se apoderó de todos los pueblos de España luego que se supo la muerte de Padilla y la derrota de las tropas, pues las ciudades que aún no se habían levantado, siempre hasta aquel día habían esperado una nueva ocasión y estaban pendientes del éxito de Padilla; pero su desgracia afligió mucho mas á los pueblos. Al principio de llegar los rumores de la desgraciada batalla viérais en todas partes á los populares con las cabezas bajas, mirándose mutuamente de reojo, indicando su tristeza en sus movimientos, llorando entre ahogados gemidos lo grande de la desgracia, y afirmando que no faltaría ó Acuña ó algún otro que tratase de vengar los manes de Padilla y quisiese mirar por los pueblos. Los hombres trataban esto con silencioso murmullo y por señas, pero las mujeres no se abstenían de proferir toda clase de injurias públicamente; todo lo llenaban de aullidos y maldiciones, principalmente las de Valladolid, que aun después de haber entrado los virreyes con el ejército, en los primeros días con dificultad se las pudo contener en sus lamentos é imprecaciones, ¿Pero qué no doma el tiempo y el terror? Después que á los que habían obtenido los corregimientos y habían brillado mucho entre los populares los vieron arrastrar al suplicio y ahorcar en medio de la plaza, ó hechos cuartos ofrecer á los viajeros un espectáculo aterrador, cesaron en los lamentos y maldiciones”.

La reconquista de la alta Navarra por parte del rey de Francia, Francisco I, sin costarle ningún esfuerzo, también es descrita por Maldonado con cierta benevolencia. Los de Pamplona les habían abierto las puertas voluntariamente y también habían puesto sitio los franceses en Logroño. Antonio Acuña y María Pacheco, esposa de Juan Padilla, la cual pasaba revista a los soldados, arengaba bastante bien y desempeñaba las funciones de un valiente general, habían solicitado a los franceses para que pasasen los Pirineos. Maldonado califica a los navarros franceses de “ansiosos de novedades” y a sus hermanos españoles de no poner resistencia y abrirle las puertas voluntariamente. ¿Fue España siempre un muro contra la Reforma? No lo parece en este caso temprano, aunque solo se hablase de asegurar la libertad de los pueblos. Lo que deja claro Maldonado respecto al movimiento religioso de la Reforma, en la introducción del libro, es que deseaba la unión de los cristianos, donde el emperador trabajaba para que se celebrase un Concilio, “con el fin de apartar a los alemanes e ingleses de las novedades y opiniones impías”.(Maldonado,1840, pág.VIII)

Werner Thomas nos resume esta situación religiosa-política de la siguiente manera: “Durante las dos primeras décadas del siglo XVI el Santo Oficio experimentó ataques continuos de varios sectores de la sociedad española que quisieron reformarlo. El partido felipista desempeñó un papel importante en estos ataques. El momento culminante del movimiento anti-inquisitorial fueron las Comunidades. Pronto los comuneros pidieron la abolición de la Inquisición y se descubrió que los conversos divulgaron entre ellos escritos de Lutero en apoyo de su petición. Los erasmistas y alumbrados también estaban vinculados al partido comunero. Propagaban además una espiritualidad interiorizada que eliminaba el papel de la Inquisición, y los alumbrados incluso querían eliminar la Iglesia en la relación entre Dios y el hombre, ambición que, por lo menos en opinión del partido ortodoxo, compartían con Lutero”.


[i] Introducción al Diálogo de la lengua. Por apéndize va una carta de A. Valdés (in difesa del suo diálogo sopra il sacco di Roma con la risposta del conte B. Castiglione).Autores Juan de Valdés, Alfonso de Valdés Editor Luis de Usoz y Río Publicado en 1860

[ii] Thomas, W. (2001). La represión del protestantismo en España, 1517- 1648. Lovaina: Publicado por Leuven University Press, 2001. Pág. 169

[iii] La revolución de las comunidades de Castilla (1520-1521) por Joseph Pérez.- 1999 – 719 páginas

[iv] De motu Hispaniae, sen de Comunitatibus Hispaniae. El movimiento de España, ó sea Historia de la revolucion conocida con el nombre de las Comunidades de Castilla . Dedicada al Príncipe Felipe el 1 de diciembre de 1545 y publicada en 1840 Juan de Maldonado, José Quevedo 1840 – 360 páginas

Escrito por Manuel de León de la Vega

Publicado en  on 20 Septiembre 2009 at 2:23 Dejar un comentario

Los Tercios españoles y el luteranismo.

tercios_espanolesDice Julio Caro Baroja[i] que Gonzalo Fernández Oviedo a principios de del siglo XVI había visto que en las compañías de soldados alemanes que pululaban por Italia existía una proporción regular de soldados judíos y por ellos se extendían las herejías luteranas.  Menéndez y Pelayo tratando de San Román dice que “algunos arqueros de la guardia del emperador, contagiados de las nuevas doctrinas, recogieron los huesos y cenizas del muerto, a quien tenían por santo y mártir.” Desgraciadamente tampoco conocemos los nombres de los contagiados de las “nuevas doctrinas”. Evaristo de San Miguel en su Historia de Felipe II, también dirá que el luteranismo no solo se concretó en Alemania, sino que pasó a Francia,  Italia y España traído por los soldados luteranos de Carlos V[ii] “pues en las filas imperiales tenían cabida todas las sectas y naciones”. San Miguel culpabiliza a las tropas de Carlos V de las profanaciones en el saco de Roma. Dice:  “Una gran parte de los excesos, sobre todo de las profanaciones que se cometían en Roma durante su ocupación por las tropas de aquel príncipe, se atribuye a los soldados luteranos”. Este autor también busca un chivo expiatorio de este saqueo en los “soldados luteranos” y defiende al emperador frente al Papa y dice que “los mismos soldados de Carlos V y enseguida de Felipe II eran los introductores de la peste (luterana) en cuya extirpación mostraban con tanto afán ambos príncipes”.

Hablando del saqueo de Roma, Menéndez y Pelayo no acusará a los soldados luteranos como lo hace San Miguel, sino que lo considerará el justo castigo de Dios ante los vicios y torpezas de la corte de Roma. Sin embargo cita al secretario de Carlos V, Francisco de Salazar, diciendo: “Y este secretario, que debía de parecerse algo a Valdés y estar un tanto cuanto contagiado de doctrinas reformistas, añade: «Es gran dolor de ver esta cabeza de la Iglesia universal tan abatida y destruida, aunque en la verdad, con su mal consejo se lo han buscado y traído con sus manos. Y si de ello se ha de conseguir algún buen efecto, como se debe esperar, en la reformación de la Iglesia, todo se ternía por bueno; lo cual principalmente está en manos del emperador y de los prelados de esos Reinos. Y ansí plega a Dios que para ello les alumbre los entendimientos…» [iii](Menéndez y Pelayo 2007, 559) Para Menéndez y Pelayo, Salazar está a la altura de Valdés y contagiado de las mismas doctrinas. Al haber varios Francisco de Salazar nos ha resultado imposible hacer una biografía. Bataillon relaciona a este secretario Salazar con Alfonso de Valdés en cuanto a que el Diálogo de Lactancio y un Arcediano, cuya paternidad Usoz lo adjudica a Juan de Valdés, está basado en los hechos relatados por Salazar.

Ana Vian Herrero comienza su comentario al Diálogo de Lactancio haciéndonos ver la Roma de finales del siglo XV promocionada para un turismo de peregrinos que podían visitar las ermitas donde se podían ganar indulgencias, pudiendo visitar otros edificios significativos para los cristianos. En el devoto recorrido los peregrinos podían visitar los lugares de reliquias más impactantes con el objetivo de que el viajero fuese impresionado por Roma. Pero además Roma era una gigantesca maquinaria financiera y burocrática, “paraíso de la trapacería internacional”, ciudad culta y libre en sus costumbres y en su forma de expresarse. “La religión y la política daban el prestigio internacional a Roma. Por eso en las polémicas del siglo XVI se denunciaron con más vehemencia la superstición de las reliquias o la ilegitimidad del poder temporal de los papas.” Con esta ciudad acabaron por un tiempo los soldados de Carlos V.  En La Lozana andaluza de Francisco Delicado se describe así este saqueo: “…sucedió en Roma que entraron y nos castigaron y atormentaron y saquearon catorce mil teutónicos bárbaros, siete mil españoles sin armas, sin zapatos, con hambre y sed; italianos mil quinientos, napolitanos reamistas dos mil, todos estos infantes, hombres de armas seiscientos, estandartes de jinetes treinta y cinco, y más los gastadores que casi fueron todos, que si del todo no es destruida Roma es por el devoto femenino sexu y por las limosnas y el refugio que a los peregrinos se hacían agora”.

Los soldados españoles fueron los que más libertad religiosa y tolerancia disfrutaron en la España del XVI. Dice Werner Thomas que la Inquisición sabía del contagio de los ejércitos en Flandes por el continuo tráfico de soldados españoles que se trasladaba a aquellas tierras norteñas afectadas por el protestantismo. A pesar de todo, no fueron los más molestados como lo fueron los extranjeros que vivían o viajaban por España que eran acusados de luteranos. Aparecen algunos como Alonso del Bustillo, acusado de luterano en el auto de 13 de junio de 1568, Rafael Roca, quien había escuchado sermones luteranos, procesado en 1571, Gonzalo Hernández Bermejo, sastre y soldado en 1561,Julián de Tapia de Cuenca en 1556, Juan Ruiz obrero y soldado en 1567, Juan de León de Toledo en 1596, Francisco de Aguirre y muchos de los luteranos procesados en el Nuevo Mundo entrarían en esta categoría de soldados. Sin embargo es famosa la ferocidad de los soldados españoles, saqueando, pidiendo impuestos revolucionarios, cortando cabezas, degollando y quemando ciudades, que nada tiene que ver con la paz evangélica.

El capitán Francisco de Guzmán

Creemos estar  citando al capitán de infantería Francisco de Guzmán hermano del capitán de caballos Juan de Guzmán, quienes lucharon por los años 1520 y 1521 a favor del emperador Carlos V, y que eran naturales de la villa de Ocaña. Pedro de Rojas, conde de Mora dirá que este capitán había dedicado al emperador el Libro de la gloria mundana y que era natural del Reino de León. Aparece en los cenáculos de Bruselas y Lovaina, con los reformados Felipe de la Torre, Martín López, Furió Ceriol o Andrés Laguna, donde el vigor y la libertad intelectual al amparo de Felipe II y a la sombra de Erasmo, fueron admirados y reconocidos. José Manuel Blecua en “Poesía de la edad de oro” dice que Guzmán es citado por Cervantes en su “Canto de Calíope” y solo se sabe que era capitán al servicio del emperador Carlos V, que su “Triunfos morales” publicados en Amberes en 1557 tuvieron notable éxito, siendo también autor de una Glosa sobre la obra que hizo don Jorge Manrique a la muerte de su padre. También será citado por Cervantes admirando su poesía cristiana en la Galatea[iv].

“Miembro también de esta cortesana sodalitas bruxeliensis fue el capitán Francisco de Guzmán, otro ejemplo de este erasmismo español epigónico que brilló en Flandes a mediados del siglo XVI. Poco hemos logrado averiguar acerca de su vida y vicisitudes. Lo único cierto es que en esta época se encontraba en los Países Bajos y que aprovechó su estancia para dar a la imprenta dos obras herederas todavía del humanismo erasmiano. En 1557 publicó su Flor de sentencias de sabios, glosadas en verso castellano, en la imprenta antuerpiense de Martín Nuncio, y que dedicó a don Gómez de Figueroa, conde de Feria. En el privilegio para Castilla y Aragón (Bruselas, 14-feb- 1557) se le otorga merced no sólo para esta obra sino también para otra, titulada Triunfos morales[v]. En el Privilegio para los Países Bajos se cita al autor como “Francisco de Guzmán Capitaine Espagnoll’, y se nos informa que los censores de sus dos obras fueron Juan Páez de Castro y Antonio de Castillejo, obispo de Trieste: “l ‘vng intitulé los Triumfos morales, visité par le docteur Jean Paez Cronicqueur de Sa maiste, et l ‘aultre intitulé Flor de sentencias, visité par le uesque de Trieste de la maison a chapelle de Sa dicte Maiste”.

Poco más sabemos, sin embargo de este militar español. Guzmán incluye a Erasmo entre los sabios de su Flor de sentencias, solo junto a un amplio elenco de autores clásicos, griegos y romanos, glosando con versos en castellano buena parte de los apotegmas del roterdano, cuya obra es la fuente principal de la que el español se nutre para redactar su obra, sin pudor alguno por ello. Los Apotegmas de Erasmo ya habían tenido en España dos traductores, el bachiller Francisco Thámara, catedrático en Cádiz, y el maestro Juan de Jarava, médico, quienes publicaron sus versiones, bastante libres, en Amberes, en 1549. Francisco de Guzmán retorna los textos originales de Erasmo en su Flor de sentencias, y los glosa en castellano. La intencionalidad política de Guzmán tampoco pasa desapercibida. Los apotegmas de Plutarco, editados y comentados por Erasmo, eran una obra recomendada para la lectura de los gobernantes cristianos. En los inicios del reinado de Felipe II parecía lógico que los temas de Plutarco y de otros autores fueran recordados y que, tratándose de un monarca español, se glosaran en castellano, en homenaje al nuevo Rey. Así, sobre la prudencia:

Bien assi como no cabe

en buen juizio tomar

vihuela para tocar

el que tocarla no sabe:

assi razon no consiente

que tome cargo de gente

menos darsele de una,

pues guiarla mal sabria

el que no fuere prudente. “

Pero Guzmán no sólo se muestra como un lector más o menos atento de los apotegmas de Plutarco, sino como un rendido admirador de la obra del humanista holandés. En no pocas ocasiones, la cita de la sentencia van acompañada de la simple referencia “Erasmus”, lo que sugiere una procedencia distinta. Tampoco cabe suponer que Guzmán obviara la consulta de sus Adagio para completar su rica colección de sentencias. Un ejemplar fue entregado por el autor a Felipe II. Guzmán publicara al mismo tiempo sus Triunfos morales, en la imprenta de Nucio, y dedicados a Felipe II. Como en otras ocasiones, un ejemplar fue encuadernado por Plantino para ser ofrecido al rey, o a su esposa inglesa, según anota en uno de sus libros de cuentas, el 6 de mayo de 1557, a nombre de Nuncio: “Reilé un Tiumphos avec les armoiries d’Angleterre”(Gonzalo Sánchez-Molero 1997, 772)

El soldado Chaves

Entre los soldados españoles que pertenecieron al grupo reformado de Pedro Jiménez está el soldado apellidado Chaves. Dice Tellechea que Chaves comenzó a aprender gramática, le pusieron en la mano el Nuevo Testamento y le admitieron en el grupo. Parece extraño que un grupo tan selecto como fue el de Pedro Jiménez, aceptase a un aparentemente hombre sin letras como lo cree Tellechea.


[i] Los judíos en la España moderna y contemporánea Autor Julio Caro Baroja.Ediciones ISTMO, 1978 Pág.240

[ii] Historia de Felipe II, Rey de España. Evaristo San Miguel y Valledor .Salvador Manero, 1867 Pág.140

[iii] La carta de Francisco de Salazar a Carlos V se encuentra parcialmente en Colección de documentos inéditos para la historia de España .-Autor                  José León Sancho Rayón.-Impr. de la viuda de Calero, 1848

[iv] De aquel que la cristiana poesía/ tan en su punto ha puesto en tanta gloria/ haga la fama y la memoria mía/ famosa para siempre su memoria./ De donde nasce adonde muere el día/ la sciencia sea y la bondad notoria/ del gran Francisco de Guzmán qu’el arte/ de Febo sabe ansi como el de Marte. Obras completas: todo Cervantes en un volumen. Sevilla Arroyo Editorial Castalia, 1999.- Pág 124

[v] Triumphos Morales de Francisco de Guzmán, Impresa en Alcalá de Henares en casa de Andrés de Angulo, 1565.-  402 págs. Esta obra está dedicada a Felipe II y en los márgenes se explica el verso cuyas fuentes son los clásicos pero fundamentalmente la Biblia con los libros apócrifos.

Escrito por Manuel de León

Publicado en  on 19 Septiembre 2009 at 19:04 Comentarios (2)