La autoridad de la conciencia.


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La Reforma protestante en el contexto de la crisis de la cultura europea del siglo XVI, deja claro que la autoridad religiosa encarnada en el Papa, el Concilio de Trento y el brazo secular, solo recaerá en la libertad de conciencia. La unidad dogmatica esgrimida hasta entonces, cuyo significado se expresaba en la fides católica pasará a la conciencia y a la religio christiana. El V Concilio de Letrán (1512-1517) había confirmado el problema de la autoridad pontificia, incapaz de aplicar reformas rigurosas sin hacer saltar en pedazos la institución. La autoridad romana dependerá a partir de ahora del grado de libertad de conciencia otorgada al individuo. Cuando Lutero rehúsa retractarse, apela a la imagen del hombre en conflicto y proclama: “No puedo, ni quiero retractarme, porque no es seguro, ni sincero, obrar en contra de la propia concien­cia. i Que Dios venga en mi ayuda! Amén”. A lo cual replica el oficial: “Depone tu conciencia, Hermano Martín; lo único que no tiene peligro es la sumisión a la autoridad establecida.” Expresa Lutero las mismas ideas de Wychliff y Juan Hus invocando el foro interno como imperativo absoluto y preceptivo. La conciencia no puede ser violada por ninguna coacción humana. Sin embargo el Papado, que representa la ortodoxia, se coloca en la esfera de lo divino. La jerarquía romana se identifica como de origen divino. El discurso romano es que el Papa es vicario de Cristo, aunque este sea un indigno. Resistirse al Papa es resistirse a Dios. Roma defiende la tesis de que Dios sacraliza la institución jerárquica y por tanto la autoridad está al mismo nivel de Dios y la Escritura.

Sin embargo esta radicalización de la autoridad, elevada al máximo por el cardenal Tomás de Vio Cayetano, no deja lugar alguno a la libertad de conciencia que era un sentimiento mayoritario en los espíritus más sensibles de los años 1520 a 1540. Para Paul Tillich toda re-afirmación de una institución la vuelve más estrecha y ese era el sentimiento de los humanistas evangélicos y ciceronianos frente a Roma. Trento y Lutero se enfrentan ferozmente y ya no habrá posibilidades de entendimiento. Lutero por 1520 blandirá la paradoja paulina en su “Sobre la libertad del cristiano” afirmando que el cristiano es a la vez “un señor libre por encima de todas las cosas” y “un siervo sometido a todas las cosas”. Lutero escribirá el “Llamado a la nobleza cristiana” rechazando los postulados eclesiológicos de Trento, afirmando que la verdadera iglesia es la “congregación de los fieles” en la que cada cristiano mantiene una relación personal con Dios y usa la Escritura como única revelación de lo Alto. El sacerdocio no es el privilegio de unos pocos, sino universal y de todos los creyentes unidos a Cristo por la fe en Él. Por derecho solo Dios y la Escritura tienen autoridad absoluta y sagrada, siendo el Papa, los obispos,  el clero y todos los fieles, indignos pecadores, hijos de Adán sin ningún derecho a subrogarse derechos divinos.

Se dice en muchas historias de la Reforma que el luteranismo fue una reacción a los desmanes morales y que todo anticlericalismo estaba bien merecido. Se dice que Tomas Moro (1477-1535) y Erasmo en sus virulentos ataques a la Roma desordenada y llena de vicios y violencias, contribuyeron a legitimar las tesis luteranas, que no solo consideraban a Roma la gran ramera y la nueva Babilonia sino que destruían su autoridad y prerrogativas eclesiales. Sin embargo la radicalidad luterana es irreversible porque no basa su doctrina en meras desviaciones humanas, vicios y pecados humanos, sino en Cristo como base y centro de la fe. No se necesitan sustitutos porque Cristo es el único Mediador entre Dios y los hombres y nadie puede ya poner jurisdicción a la conciencia para juzgar y condenar a los fieles. “Post tenebras Lux” es el grito de los reformadores que ven un nuevo amanecer mas enraizado en las fuentes primeras sin contaminación. Todos sienten horror a los libros de santos y de caballerías que novelaban lo sagrado. Desde Erasmo hasta Michel Montaigne, como también lo sería Sebastián Castelión, fueron, con sus ensayos y escritos varios, moderadores entre la iconoclastia severa y el folclore religioso. Lutero desacralizará con violencia una iglesia en sus hechos corrupta y en su dogmática arrogante y autoritaria, sin base bíblica e irrespetuosa con la conciencia humana.

Escrito por Manuel de León de la Vega

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Published in: on 27 septiembre 2009 at 14:03  Dejar un comentario  

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