La represión del protestantismo en España


Imagen 6

El entusiasmo reformador que acallaba los espíritus mas sedientos y los impulsaba al testimonio personal y a la práctica religiosa, pronto se desvaneció. Dice Adolfo de Castro, quien tiene una visión  tiránica y opresora de Felipe II: “No hay disculpa para los daños que sobrevinieron a España por la política suspicaz y desacertada de Felipe II, pues al querer este evitarlos trajo sobre su patria desastres parecidos a los que esperimentan las naciones en las guerras civiles. Si el deseo de este monarca era mantener en sus estados la unidad religiosa, pudo servirse de medios mas humanos. Y si creyó útil la tiranía de las conciencias y la esclavitud del pensamiento, ejemplos mejores tuvo para destruir a los que segían en España la Reforma y para manifestarse al mundo con menos aparatos de crueldad y con la misma firmeza de ánimo”. Sigue diciendo Castro con  encendida prosa: “ El perpetuo destierro de los que consideraba delincuentes en materias de fe, o las penitencias no tan rigurosas que impuso el Santo Oficio de la Inquisición a aquellos eclesiásticos y seglares que se llamaban “alumbrados”, hubieran sido remedios de igual eficacia para conseguir los mismos fines. Bien se que al llegar aquí esclamarán muchos que Felipe II al destruir a los herejes se sirvió de las leyes establecidas y de un tribunal constituido al efecto en otros reinados. Pero cuando las leyes son inicuas y mas inicuos aun los jueces, los castigos merecen tambien el nombre de iniquidades”

Henry Kamen[1] dice que el historiador oficial de los papas, Ludwig Pastor, consideró a Felipe II enemigo del papado, mientras que algunos historiadores españoles como Ricardo García-Villoslada diga que estaba “nutrido de las más puras esencias caste­llanas, supo penetrar en lo más hondo del alma española”. Lamenta Kamen que los historiadores españoles no han producido ninguna investigación sobre su política religiosa ya que esta fue única en Europa. Especialmente con los protestantes dice Kamen, es un dogma de la historiografía tradicional que detestaba a estos, aunque la inevitable convivencia con ellos ya en Alemania por 1548 y en Augsburgo en 1549 mejoraría su comprensión y hasta agradecimiento por el trato dispensado. Sin embargo, los consideraba una seria amenaza para la paz especialmente después de las guerras civiles en Francia. Dice Kamen que aún así no era “un odiador fanático de los protestantes” a pesar de la leyenda negra.

Creemos que Kamen presenta una realidad diferente a como la presentan los reformistas antiguos españoles (Valera, Juan Pérez, del Corro o Reinaldo González Montes) en sus escritos, sino que dulcifica hechos que no son ciertos. Cuando dice que en cuarenta años, después del nacimiento de la Reforma en Alemania, España parecía inmune a ella, ignora la actividad inquisitorial con los Iluministas, erasmistas y luteranos españoles. Dice Kamen: “En España, a diferencia de otras naciones occidentales, brillaba por su ausencia la represión religiosa, lo cual creaba un cli­ma de refrescante libertad. «Lo interpretábamos todo libremente”, comentaba un sacerdote. “En aquellos días no había necesidad de sospechar de nadie”. Estas frases, de un reconocido historiador de la Inquisición, me han sorprendido. ¿Acaso desearía Kamen un auto de fe todas las semanas? ¿Es que solo el martirio era la única posibilidad en España de manifestar la fe? La tesis de Kamen es preventiva. Si Felipe II actuó con contundencia contra los protestantes era para que no se matasen entre sí como en Francia y su apoyo inquebrantable a la Inquisición para que las matanzas no fueran como en Inglaterra o los Países Bajos. Un razonamiento demasiado débil para hechos completamente distintos.

Esta forma de ver de Kamen plantea un problema historiográfico que tiene que ver con el Evangelio y la Espada o como lo expresó la iglesia primitiva: “la sangre de los mártires es semilla de la iglesia”.  Se plantea el dilema de si la resistencia con la espada como lo hicieron los albigenses, los bohemios, los protestantes franceses, ha dado el resultado de perecer por ella en humillante derrota. Por otra parte quienes sus armas han sido “la sangre del Cordero” y su testimonio hasta el martirio, son los que han triunfado, dirá Andrés Fuller en Patriotismo Cristiano. Sin embargo no todos los casos han sido iguales y solo Dios sabe el porqué de esos triunfos o derrotas.  Por ejemplo los albigenses que lucharon y resistieron fueron exterminados, mientras que españoles e italianos sin luchar tuvieron ese fin. Las guerras defensivas de protestantes en Alemania, Suiza, Escocia y los Países Bajos tuvieron éxito, mientras los protestantes franceses levantados en armas, mientras están con la espada en la mano no fueron exterminados y si lo serán cuando permanecieron amparados por edictos y podían manifestar su fe públicamente. Los valdenses y bohemios que lucharon y han defendido sus vidas, han permanecido.  Sin embargo, tampoco podemos decir que los mártires españoles han dado la vida en vano ya que su testimonio traspasó fronteras y ha llegado hasta nosotros. Así pues queda claro que diferentes actuaciones frente al martirio de los santos han dado resultados diferentes.

La tesis doctoral de José Luis Gonzalo Sánchez – Molero El erasmismo y la educacion de Felipe II (1527-1557). Universidad complutense, 1997, nos presenta a un príncipe Felipe II educado y formado con criterios más alla del erasmismo o como el autor titula, “humanismo erasmizante”. Si las primeras enseñánzas habían estado dirigidas por un Siliceo de imangen oscura y “escolástica”, y sujeto dentro de un limitado campo castellano, posteriormente con Zúñiga se abriría a las nuevas y beneficiosas tendencias extranjeras. Varios de nuestros protestantes escribieron y estuvieron interesados en la formación del Príncipe. El ambiente iba más alla del erasmismo. Las disciplinas no se limitaban a la medicina, la anticuaria o la historia, sino que el príncipe tambien le cogió gusto por la teología.[2] Esta imagen está bastante alejada de un Felipe II ignorante y rencoroso y nos presenta a un Felipe II arropado por un movimiento que era muy diferente al de Alfonso de Valdés pero conservando “el cultivo de la espiritualidad reformada e intimista” apartando los temas polémicos.

“La presencia de humanistas erasmizantes en la corte filipina tuvo, como hemos visto, dos etapas y dos ámbitos bien definidos. El primero se sitúa en la corte de Valladolid, entre 1545 y 1548; el segundo surge a raiz del “felicísimo viaje” del príncipe a los Países Bajos, periplo que puso en contacto a los integrantes de este cenáculo aúlico con los círculos humanísticos belgas. Cuando Felipe II regrese a los Países Bajos en 1555 será recibido con alborozo por los miembros de varios cenáculos erasmizantes hispano-belgas, constituidos en Amberes, Bruselas y Lovaina, desde los que se planteará un programa político para el nuevo monarca desde la óptica del humanismo cristiano. Cuando hablamos de un erasmismo filipino nos referimos a aquel que se desarrolló como corriente de pensamiento en la Casa del Príncipe, entre 1545 y 1557. Este ámbito cortesano moldeó la peculiaridad de este erasmismo filipino. Una Corte que era la del Príncipe, y que estaba sujeta a su mecenazgo y protección. La influencia del mundo ideológico de Carlos V, los intereses políticos, las inclinaciones intelectuales y religiosas del propio Felipe, y, en definitiva, la especificidad inherente a toda Corte renacentista con relación a su entorno social, dieron a este erasmismo filipino su especial idiosincrasia. (Gonzalo Sánchez-Molero, 1997, pág. 820)”

Advierte, sin embargo, Gonzalo Sánchez Molero, que no hemos de etiquetar ahora a Felpie II en clave erasmista de modo que hegemonice el discurso historiográfico. Dice: “Porque ni Felipe II fue Alfonso de Valdés, ni el erasmismo era un movimiento de izquierdas (como diría Fuster). Si bien su educación estuvo fuertemente influida por una corriente erasmizante, dominante entonces, y Felipe II, siendo príncipe, se imbuyó conscientemente del pensamiento de Erasmo, esta realidad empieza a evolucionar, a madurar, después del “Felicísimo viaje”. El vigor del erasmismo había empezado a debilitarse hacia 1551, su momento histórico ya había pasado, y el recambio generacional en la escena intelectual de la época comenzaba a plantear nuevos interrogantes, nuevas vías religiosas, políticas o artísticas. Y el príncipe, que entonces tenía veinticuatro años, se abrió a las novedades, evolucionando y madurando su educación erasmizante a través de aquellas. Era natural.” Felipe de la Torre, al cual leía Felipe II, marcará una diferencia con respecto a Erasmo en cuanto a la selección de libros en romance. Loa utores que propone ya no pertenecen al tiempo del humanista holandés sino a los de mediados del XVI: “En nuestra vulgar lengua ay tambien libros de piedad y de historias: como son las obras d’eI Doctor Constantino, del Padre Fray Luis de Granada, de Don Serafino de Fermo, y otras historias de España, y la que Pedro Mexia hizo de los Cesares. De los quales se sacarán muchos aulsos para temer a Dios, y saber gouernar” (Gonzalo Sánchez-Molero, 1997, pág. 791)

“Estos datos nos revelan, una vez más, los importantes contactos que los miembros de este grupo de Lovaina establecieron con la Corte, y nos proporciona una de las claves para comprender las razones que propiciaron a la altura de 1556 que personalidades tan heterodoxas como la de Furió entraran al servicio de Felipe II. Existía una identidad intelectual y religiosa entre la Corte y este grupo de Lovaina, identidad que convirtió la Casa del nuevo Monarca, educado en el erasmismo, en un lugar de cobijo para Fox Morcillo, de la Torre o Furió, de la misma manera que antes lo había sido para Constantino Ponce de la Fuente y para Carranza, mentores y maestros de esta nueva generación de espiritualistas españoles”. La Carta a Felipe II de Juan Pérez de Pineda pertenece también a este ambiente político-reigioso.  “El proyecto que propone al monarca es completamente rupturista, y sorprende tanto su radicalidad como ingenuidad. Sin duda, la guerra con el Papado hizo concebir esperanzas, entre los sectores protestantes, de que el rey de España pudiera romper definitivamente con la Iglesia. Carlos V, derrotado física y políticamente, había abdicado y el archiduque Maximiliano de Austria simpatizaba con las ideas luteranas. ¿Por qué no podría inclinarse también Felipe II hacia la Reforma? Al fin y al cabo, Pérez no exponía en su Carta ideas muy diferentes a las que Laguna expresaba en su Viaje de Turquía, dedicado al nuevo Rey, ni planteaba esperanzas y proyectos muy divergentes de los que su ascenso al trono había despertado en Amberes, Bruselas y Lovaina.” (Gonzalo Sánchez-Molero, 1997, pág. 807)

En este contexto de las nuevas ideas en la corte de Felipe II, dice Sánchez Molero: “ Sin embargo, la fe de la que Pérez se hace abanderado no es la católica, punto este último bien salvaguardado en los escritos de Morcillo, Furió o de la Torre, su credo es ya el calvinista. La Carta a Felipe II, de Pérez, se hizo circular de manera paralela con la Imagen del Anticristo, opúsculo antirromano traducido al castellano por Ochino, y adornado con un grabado en el que se veía al Papa arrodillado ante el diablo. En el ambiente erasmizante y reformista de la Corte filipina de Bruselas, con Carranza recién elevado al arzobispado de Toledo, y en donde todavía Constantino Ponce de la Fuente, progenitordel evangelismo sevillano, era considerado como una autoridad espiritual, muchas ideas nuevas en lo político, lo cultural y lo religioso podían ser bien acogidas, e incluso compartidas, pero no una tan descarada invitación a la herejía y a la ruptura con Roma. Ya entre los libros que se mandaron quemar en Valladolid, el 2 de enero de 1558 figuraba uno “en romance que se yntitula carta enbiada a nuestro augustisimo principe don felipe rey de spaña sin autor”. Pero tampoco tuvieron mejor suerte Carranza, Fox Morcillo, Laguna o Furió Ceriol. En este sentido, el fracaso de su vía irenista no fue distinto a la condena de la vía calvinista de Juan Pérez de Pineda, victimas todos ellos del gran giro de 1559.” (Gonzalo Sánchez-Molero, 1997, pág. 808)


[1] Política religiosa de Felipe II. Henry Kamen (Artículo)

 

[2] Felipe de la Torre, en su Institución recomienda leer el libro de la Ley de Dios, es decir, el Deuteronomio, los Proverbios de Salomón, el Eclesiástico, los libros “historiales” de la Biblia y, en suma, todo el Viejo y Nuevo Testamento, pues en su lectura atenta el Rey “aprenderá ‘a conocer a Dios que le hizo, y las mercedes que d’el recibe, y leyes para bien gobernar su pueblo”. Entre sus lecturas escolares ya figuraba una Biblia en cinco tomos y las Antiguedades de Josefo. En 1539 se le añadió a su biblioteca una traducción versificada al castellano de algunas partes de la Biblia, de Bernardino Porticonari, racionero de Salamanca, códice con algunas iluminaciones de bella factura, que fue dedicado y entregado al Príncipe.En 1540 se añaden algunas lecturas religiosaslos como los comentarios de Tittelman sobre los Salmos y una Biblia cum Postilla Hugonis Cardinalis (ParIs, 1532-1539), impresa por Jean Parvo, Poncet le Preux y Pierre Gaudal, en seis volumenes. Siliceo comprará otra Biblia más práctica y con concordancia en once tomos, comentada por el cardenal Hugo de San Charo. Aparecen en la biblioteca del P´rincipoe Felipe la Biblia de Colineo en once volúmenes, la Biblia de Estiènne-Vatable,  yconcordancias de la Biblia.

Escrito por Manuel de León de la Vega

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Published in: on 27 septiembre 2009 at 14:54  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. Se habla mucho de la represión sobre los protestastes en Españá y sobre la Santa Inquisición pero quiero recordar, para hacer memoria histórica, que también en países protestantes como Alemania o Inglaterra, hubo tremendas persecuciones contra los católicos, que hablen de Irlanda y de todas las matanzas contra católicos, que hablen de los puritanos, cuyo fanatismo religioso era muchísimo peor que el de Torquemada, que ya es decir.
    Con el artículo de este blog se manipula la historia como a alguine le da la gana porque Felipe II no está para nada cerca del protestantismo como se quiere ver aquí.
    No estoy a favor de níngún integrismo pero por favor, si vamos a hacer memoria histórica, la hagamos pero como Dios manda, porque si el catolicismo persiguió herejes en España, en los países protestantes se persiguió a los católicos (principalmente) y a sectas del protestantismo, ejemplo de fundamentalismo protestante son los puritanos.

  2. En asuntos de tanta controversia interesada y en la misma Historia con mayúsculas, hay siempre un déficit de objetividad. Usted y yo vemos la botella medio llena y medio vacía, pero esto le pasa a los más sinceros historiadores. En mis humildes investigaciones sobre la reforma evangélica del siglo XVI (católica y protestante) he visto que un más de un siglo de penetración de la Reforma en España afectó a más personas de las que se cree. Espero publicar un libro de más de 1400 páginas donde pongo nombres y apellidos a personas condenadas por luteranismo, sabiendo que solo es una mínima parte que nos ha quedado de los procesos inquisitoriales.
    Yo suelo hablar poco de la Inquisición porque es un debate difícil para quien se sienta cristiano. Si Cristo mandó perdonar hasta setenta veces siete, si en la Ley de Dios está en no matarás, si entre los derechos inalienables del hombre está su libertad de conciencia ¿porqué existieron las inquisiciones y las guerras de religión? Por eso no quiero debatir en algo que rechazo por principio.
    Si tiene interés en algún tema concreto y tengo algo escrito de ello se lo puedo mandar.Me refiero a temas del siglo XVI, ya que llevo tres años liado con éste tema.
    Un afectuoso saludo.


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